Neoliberalismo o Globalización
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Neoliberalismo o Globalización

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Neoliberalismo o Globalización

16/05/2019

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador ha logrado, durante años de reforzar su mensaje, crear una connotación altamente negativa para el término “neoliberalismo”. Todo lo neoliberal es malo y hay que combatirlo, reza su filosofía. Al mismo tiempo, se declara un liberal juarista, y lucha contra las fuerzas conservadoras que no comulgan con su visión de un gobierno cuya primera prioridad es atender a los más necesitados.

El breve resumen del credo obradorista revela profundas contradicciones semánticas. Es menester aclararlas, porque de nada sirve confrontar ideas si las partes definen de forma diferente las premisas del diálogo.

Me parece que AMLO confunde “neoliberalismo” con “globalización”. El neoliberalismo es, etimológicamente hablando, una versión nueva del liberalismo que defiende. ¿Qué tan malo puede ser? AMLO equipara al neoliberalismo con ciertas políticas económicas de mercado que cobraron gran popularidad desde la presidencia de Ronald Reagan en los Estados Unidos, y el gobierno de Margaret Thatcher en la Gran Bretaña. Estos personajes abarcaron los años 80 del siglo pasado, pero su influencia se prolongó hasta el fin del siglo XX. Como resultado de la confluencia de estas políticas económicas con el florecimiento de la tecnología digital, que acortó tiempos y distancias, se produjo la llamada “globalización”.

Pero la globalización no es una política, que se puede aplicar o desechar. Es un fenómeno independiente, que adquirió vida propia a partir del ingenio humano, y del que ya nadie se puede divorciar. Una vez abierta la caja de Pandora, no hay marcha atrás. Tal como ocurrió con la energía nuclear, la globalización tiene sus peligros y consecuencias impredecibles, pero el único camino que queda es aprender a vivir en su contexto.

Al contrario de lo que la moda política autoritaria pregona, no todo el neoliberalismo ha sido malo. Como mecanismo de creación de riqueza, es el modelo más exitoso de la historia. Desde un punto de vista global, nuestra era es la de mayor bienestar humano desde que aparecimos como especie. Si comparamos cifras de pobreza extrema, el porcentaje de la población mundial que vive esa situación, es la más baja de la historia. Lo mismo ocurre con la mortalidad infantil, según estudios de la ONU. Los servicios de salud llegan a más personas que nunca, y el promedio de edad sigue aumentando.

Tampoco se pueden negar sus defectos. Ha concentrado la riqueza en pocas manos, y el desigual reparto provoca tensiones sociales en todo el mundo. La división ha asomado su horrible cabeza en nuestras sociedades, lo mismo en México, que en Estados Unidos, en Europa y en medio oriente, donde se libra la batalla tal vez más violenta de todas, entre sunnitas y chiítas.

El neoliberalismo es, por supuesto, sujeto a modificaciones. Estoy esperando la aparición de algún gobernante sabio, que se rodee de expertos en economía y sociología, entre otras disciplinas, y que diseñe un modelo más justo, que pueda incorporar a más individuos al bienestar. Sí se puede, pero no es fácil. Lo fácil, y lo que estamos viendo, es la destrucción de todo lo pasado sin una visión cierta de lo que viene después. En este mismo momento, hay fuerzas buscando la destrucción de España, con extremistas autónomos, de Estados Unidos, con un presidente que quiere alterar el balance del orden constitucional, para erigirse en dictador bananero, en Israel, con un primer ministro incapaz de buscar la convivencia con el vecino, y, tristemente, en México, con el intento del presidente López Obrador de reinstalar una dictadura de partido.

Si, como parece, algunos de estos movimientos alcanzan el éxito, la gran víctima será la libertad. La gran tradición y el más importante logro del liberalismo, puede quedar neutralizado, tal y como ya ocurrió en Venezuela.

Con la capacidad de destrucción con la cuenta el ser humano moderno, del medioambiente, de la vida misma, si a alguien se le ocurre desatar una guerra nuclear, el oscurantismo que parece aproximarse, podría ser el último aliento de este noble experimento de la naturaleza llamado “homo sapiens”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.