Tiranía: un renacimiento
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Tiranía: un renacimiento

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Tiranía: un renacimiento

17/02/2020
Actualización 17/02/2020 - 14:25

El momento histórico no podía ser más apropiado. El historiador y maestro de la Universidad de Yale, Timothy Snyder, concentró el trabajo de toda su vida en un pequeño volumen de 126 páginas, titulado Sobre la tiranía: 20 lecciones que aprender del siglo XX. Snyder pasó años de su vida profesional investigando el fenómeno, con especial énfasis en el surgimiento del nacional socialismo hitleriano en Alemania, pero incluyendo a Rusia y la revolución bolchevique, y la influencia que ejerció en la aplicación de sistemas similares en países de Europa del este, como la entonces Checoslovaquia, Polonia y otras.

En ningún momento Snyder hace referencia a Estados Unidos, pero resulta claro que escribió pensando en Donald Trump. Como se ha mencionado varias veces en este espacio, el desarrollo y atractivo de las tiranías en nuestros tiempos no es un fenómeno aislado y único en Estados Unidos. Está ocurriendo a nivel mundial, y responde a una serie de circunstancias, básicamente económicas, que han producido una intolerable brecha de ingresos entre ricos y pobres. Como hace 100 años, aparecen los predicadores ofreciendo equidad a cambio de nada, y el discurso prende. El problema está en que, como quedó demostrado en el siglo pasado, esas soluciones míticas son solo una fantasía. Los famosos 'cambios de régimen' no producen más allá de un enroque de clases, donde lo que cambia son los privilegiados, y no las condiciones de la población en general.

Por ello, en un país como el nuestro, donde estamos padeciendo en carne propia el inicio de una tiranía, el texto de Snyder resulta especialmente relevante, tal como lo es en Estados Unidos, donde pasan por un momento similar.

Dice Snyder que la única ventaja que tenemos es la experiencia histórica. Ya vimos cómo acabaron esos regímenes totalitarios, y cómo surgieron y se popularizaron. Y la historia nos concede ciertas opciones de resistencia a nivel individual, derivadas de sus 20 lecciones. Aquí algunas de ellas:

No obedecer por adelantado. Es una reacción humana natural, para adaptarse a nuevas circunstancias, adaptar nuestras conductas para acomodarse. Es lo que buscan los tiranos. Obediencia.

Interactuar personalmente con nuestros conciudadanos. Mejor aún, si piensan distinto. El intercambio de puntos de vista en una atmósfera de tolerancia, es una buena vacuna para no caer en fanatismos.

Cuidado con el lenguaje. Cuando el autócrata habla del pueblo, se refiere únicamente al segmento obediente y afín. Los demás, son enemigos. Frases como fake news, “la mafia del poder”, “the Russia hoax”, “los fifís conservadores” están diseñadas, por su constante repetición, a desmoralizar a la oposición y acabar con el disenso. Se deben buscar nuevas formas de comunicarse para no reforzar el uso y connotación del tirano. El lenguaje del tirano es, en esencia, un ataque a la verdad. Otro es permitir que la fe en un liderazgo se sobreponga a los hechos empíricamente comprobables. “La post-verdad es el pre-fascismo”, dice Snyder.

Apoyar a las instituciones. No se cuidan solas.

Si ocurre la catástrofe, y el tirano suspende garantías y libertades bajo el pretexto de la 'seguridad nacional', no caer en pánico. Tener listas las acciones a tomar ante un escenario extremo.

Tener, en todo momento, pasaportes vigentes, y rápidamente accesibles.

Concluye Snyder con la siguiente reflexión: Después de la Guerra Fría, el mundo estaba envuelto en la política de la inevitabilidad, que consiste en la noción de que la historia se movería inexorablemente hacia un mundo de democracias liberales. Así que bajaron las defensas. Pero ahora, nos dirigimos a la política de la eternidad, donde el líder reescribe la historia para darle sentido y justificación a todos sus excesos.

Se puede estar de acuerdo o no con el libro de Snyder, pero hay que leerlo. Está disponible ya la traducción al castellano.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.