¿Y la campaña?
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¿Y la campaña?

27/11/2019

Con el Congreso de Estados Unidos en receso por la semana de Acción de Gracias, y después de dos turbulentas semanas dominadas por las comparecencias de 12 testigos en el proceso de destitución de Donald Trump, es hora de voltear al escenario político demócrata. Finalmente, la probabilidad de que Trump no sea removido de su cargo es altísima, pues es difícil imaginar un juicio en el Senado que lo condene. Por ello, la selección del candidato demócrata que enfrentará a Trump en menos de un año, determinará el futuro de la nación.

Las primarias están ya a la vuelta de la esquina, y el panorama no está nada claro. Tanto en Iowa como en New Hampshire, los dos primeros estados en seleccionar delegados para la convención, se presentan muchas interrogantes. Hay, en las más recientes encuestas, un empate técnico entre cuatro candidatos: Joe Biden, Elizabeth Warren, Bernie Sanders y Pete Buttegieg, con un universo inusualmente alto de indecisos. Esto quiere decir que cualquiera puede ganar, o por lo menos ser factor, incluyendo a alguno de los candidatos que, hasta ahora, no pintan en las encuestas.

A lo anterior, es preciso añadir la reciente candidatura del empresario de medios Michael Bloomberg, dueño de una fortuna personal de más de 50 mil millones de dólares, quien anunció su ingreso a la elección apenas la semana pasada. Bloomberg usará una estrategia que no es nueva, y que nunca ha funcionado, pero las condiciones especiales de este proceso podrían jugar a su favor. Bloomberg no aceptará donaciones. El financiamiento de su campaña será enteramente personal. No competirá en los primeros cuatros estados, que son los mencionados líneas arriba, además de Nevada y Carolina del Sur. Esperará hasta el supermartes, ya en marzo, cuando estarán en juego 40 por ciento de los delegados a la convención.

Esto solo puede funcionar si no hay claridad en los primeros cuatro estados. Históricamente, cuando un candidato gana los primeros dos, nunca ha perdido la nominación. Pero estando las preferencias tan repartidas, y con tantos indecisos, es difícil que un candidato gane Iowa y New Hampshire. Entre más peleado sea el resultado, mejor para Bloomberg.

Bloomberg, hay que decirlo, tiene vulnerabilidades. Tanto Elizabeth Warren, como Bernie Sanders acusan a Bloomberg de querer comprar la nominación. Argumentan que, después de cómo les ha ido con Trump, poner a otro multimillonario en la Casa Blanca no es una buena idea. Cuestionan, además, muchas de la políticas que aplicó cuando fue alcalde de Nueva York, aunque hay muchos neoyorquinos que extrañan esos tiempos. En las encuestas nacionales, Bloomberg no pinta todavía. Pero su campaña de medios ya empezó, y se centra en oponerse a Trump, describiéndolo como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, y como un administrador inepto y deshonesto. Es decir, a los otros candidatos demócratas, ni los menciona.

Ciertamente es una estrategia interesante, pero muy difícil de culminar con éxito, aunque dado el pasado reciente de elecciones estadounidenses, no se puede descartar nada. Bloomberg, para empezar, tiene 77 años. No es un candidato electrizante, y su discurso no despierta gran entusiasmo. Es un orador hasta cierto punto, cuadrado. Y esto del entusiasmo será totalmente importante en la elección. Si el candidato demócrata no logra que sus votantes acudan masivamente a las urnas, irremediablemente perderán. Es la misma crítica contra Joe Biden.

En un contexto en el que la primera prioridad de los votantes demócratas es sacar a Trump de la Casa Blanca, quien aspire a la candidatura tendrá que demostrar que puede vencer Trump, antes que nada. Hasta ahora, no hay un consenso claro de quién puede ser ese candidato.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.