El papel de las legislaturas locales
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El papel de las legislaturas locales

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El papel de las legislaturas locales

26/07/2019

El escándalo nacional en que se ha convertido la deseada modificación, a posteriori, de un artículo transitorio de la Constitución Política de Baja California, para agregar tres años más al periodo para el que fue electo en comicios del pasado mes de junio el próximo gobernador de ese estado, ha provocado diversas y muy fuertes reacciones.

Han opinado en torno al asunto notables personajes de la vida política nacional. Entre otros el presidente de la Cámara de Diputados y la secretaria de Gobernación, en contra de la burda maniobra legislativa para favorecer al gobernador electo de filiación morenista, que por el contrario ha apoyado con su opinión el subsecretario de Gobernación y el presidente de la República que al abstenerse de opinar, su posición se interpreta como favorable a la pretensión del gobernador electo.

En fin, se trata de un tema que aún dará mucho de qué hablar en las próximas semanas. Se le ha analizado hasta ahora desde diversos ángulos (constitucional, político, electoral, social y aun histórico) pero se ha ignorado uno que es clave: el papel que hoy por hoy juegan los Congresos locales, que de entrada se les supone incondicionalmente sometidos al gobernador en turno, como simples peones de estribo a su servicio.

Y lamentablemente en buena medida es cierto, en la práctica como hace medio siglo. En el caso específico de Baja California entendiéndose por gobernador en turno no el que concretamente está en funciones y ya próximo a concluir su periodo, sino el que muy pronto asumirá la gubernatura. Para efectos prácticos, no deja de ser este último el gobernador en turno. Da lo mismo porque en el fondo se trata de una idéntica realidad.

Sobre el tema hay un par de datos que es necesario tener presente y valorar. El primero, que de manera unánime la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, con representación de todos los partidos políticos, expresó su desacuerdo con la reforma constitucional local con clara dedicatoria y exhortó a la legislatura de Baja California a reconsiderar su decisión. Reconsideración que no sólo no hizo sino que confirmó a través de una sesión tortuosa y francamente burlesca (el grupo que la controla cambió arbitrariamente a la presidente de la junta de coordinación política, convocó apresuradamente ese grupo a una sesión urgente y sin razón alguna en sede alterna, amén de que incluyó de última hora –es decir, no previsto en la convocatoria- el asunto de la reconsideración, que rechazó. Burla pues al cien por ciento).

El otro dato relevante es que las dirigencias nacionales de los dos partidos políticos, PRI y PAN, cuyos diputados locales aportaron número suficiente de votos para hacer posible la infame reforma constitucional, no sólo desautorización a sus respectivos legisladores sino que en el caso de Acción Nacional se les inició proceso disciplinario para excluirlos de sus filas.

La función legislativa local debe ser revalorada. Hasta ahora, en general, no ha sido un verdadero contrapeso al poder arrollador de los gobernadores estatales. De haberlo sido, cuando a partir del año 2001 desapareció la figura presidencial que de alguna manera los tenía bajo control, no se habrían presentado los descomunales excesos a los que se llegó en numerosos casos e hizo que no pocos gobernadores estén hoy en prisión y otros prófugos.

Los partidos políticos, todos, deben poner mayor cuidado y ser más exigentes en cuanto a los candidatos que postulan para las diputaciones locales. No deben verse estos cargos como una mera estación de paso, un punto bajo del escalafón político, un espacio sólo y exclusivamente para el aprendizaje. Deben los partidos procurar incluir a sus mejores y prestigiosos cuadros, con trayectoria éticamente probada y experiencia parlamentaria, capaces y dispuestos al estudio.

De no hacerlo así, que nadie se espante si el triste espectáculo que hoy está dando la legislatura saliente de Baja California lo volvemos a ver aquí y allá. Porque seguirán siendo esas legislaturas simples camarillas de confabulación al servicio del gobernador en turno, dispuestas siempre a probar sus desmanes, caprichos y arbitrariedades. Sean, o no, de su propio partido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.