Rosario, de despreocupada a 'chivo expiatorio'
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Rosario, de despreocupada a 'chivo expiatorio'

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Rosario, de despreocupada a 'chivo expiatorio'

16/08/2019
Actualización 16/08/2019 - 11:06

Cuando en un país el Estado de derecho es mera ficción útil sólo para efectos políticos y de presunción democrática, el ciudadano común intuye el juego y no se siente protegido sino indefenso en ese supuesto Estado de derecho. Con esa sensación transcurre su vida. Pero los ciudadanos no considerados a sí mismos como simples mortales sino integrantes de una élite, y no se diga si es élite política y del grupo en el poder, se perciben intocables y colocados más allá de la acción de la justicia. De ahí el ya clásico: ¡No te preocupes, Rosario!

Pero la política es veleidosa y los que ayer fueron hoy ya no son, las cosas cambian y en ocasiones de manera muy rápida. En el caso, si no hubo pacto de impunidad del que mucho se habló y todo parece indicar que así fue, el autor de la célebre frase debería empezar a sentirse verdaderamente preocupado, aunque esté en España. De no haber habido pacto, la preocupación será mayor. Y de haber existido, al temor habrá que agregar esa percepción de sentirse traicionado, propia de los mafiosos cuando una de las partes incumple lo pactado. Entre maleantes te veas.

En ese orden de ideas bien se pueden seguir haciendo en tal tenor socarronas reflexiones, pero la verdad no vale la pena. El desenlace que llegue a tener el caso nos revelará a los simples mortales, mucho de lo que hoy desconocemos del mismo y en torno al cual sólo podemos hacer meras especulaciones.

Sin embargo, de este sainete, que bien pudiera titularse 'Rosario la despreocupada', o quizá mejor 'Rosario, la hogaño preocupada', las que no son elucubraciones, por corresponder a hechos reales y verificables, son las claras tendencias, al menos tres, que claramente se perfilan entre la comentocracia tan proclive al análisis de este tipo de acontecimientos.

Una primera línea se empeña en hacer ver que el verdadero fondo de este acontecimiento no es otro que el ser utilizando el suceso como un simple distractor por parte del actual gobierno. Que el encarcelamiento de RR pretende borrar de un plumazo tantos negativos que en los últimos días ha venido acumulando la llamada 4T. Y no se necesita mucho esfuerzo para citar de corrido el siguiente rosario:

El bajísimo crecimiento de la economía (a tal grado que una tasa de apenas 0.1 por ciento de incremento en el PIB trimestral amerita gran festejo), la brutal caída en el empleo informal, la violencia recrudecida en no pocas plazas del país (Uruapan, Guadalajara, Veracruz, Guanajuato y un largo etcétera), la evidente pusilanimidad ante el discurso de odio de Trump cuya expresión plástica se encuentra en la brutal matanza de El Paso, sólo por cuanto hace a los días recientes.

Otra corriente de opinadores se ha manifestado con suma dureza contra a la prisión preventiva impuesta a la hoy preocupada dama. Sin ser juristas hacen sus razonamientos, con apariencia de doctos, para descalificar al juez que así la resolvió. No tiene sentido glosar sus argumentos porque son apenas pésimas repeticiones de lo dicho por otros o interesadas declaraciones con propósito de simple divulgación expuestas a los medios por los abogados defensores de la imputada. En abono de esos opinadores, no nos sorprendería que si la decisión del juez hubiera sido la contraria, ya lo estarían linchando. Se dice abono para que no se considere que su posición es interesada en la peor acepción del término.

Y por último, otra corriente de la comentocracia pone el énfasis en que se trata apenas de una pieza del gran juego político. Con lo cual da a entender que lo menos importante del mismo es el fondo de justicia y legalidad que el caso pudiera tener. Lo grave es que en esta corriente se inscribe la declaración hecha por el Presidente en una de sus mañaneras, cuando afirmó creer que ve en “Rosario un chivo expiatorio”, es decir, una víctima propiciatoria. Apenas parece creíble que eso haya dicho. Pero lo dijo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.