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Se está magnificando el problema del agua con EU

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Se está magnificando el problema del agua con EU

18/09/2020
Actualización 18/09/2020 - 16:16

Como sucedió en 2002 durante el gobierno de Vicente Fox, ahora de nueva cuenta se ha generado un conflicto, o vamos a decirlo en sus verdaderos términos: se está frente a un potencial conflicto –y quizá ni siquiera un conflicto sino una simple fricción, llamémosla así– con EU, con motivo de un supuesto incumplimiento en la distribución de aguas del río Bravo entre ese país y el nuestro.

Dicha distribución del vital líquido entre ambas naciones se rige por el Tratado de Aguas firmado el 3 de febrero de 1944, aprobado por el Senado mexicano el 30 de octubre de 1945 y publicado en el Diario Oficial de fecha 14 de noviembre del mismo año de 1945.

Sin mayores comentarios se van a transcribir pasajes pertinentes de este Tratado de Aguas, para que el lector vaya haciendo los razonamientos del caso y llegue a una conclusión lógica.

El Tratado consta de 28 artículos. El 4, en su apartado B, inciso c), dice que una tercera parte del agua que llegue a la corriente principal del río Bravo procedente de los ríos mexicanos se asignará a EU, siempre que esa “tercera parte no sea menor en conjunto, en promedio y en ciclos de cinco años consecutivos, de 431.7 millones de metros cúbicos”.

El penúltimo párrafo del mismo artículo 4 dispone: “En casos de extraordinaria sequía (que pudiera ser el caso) o de serio accidente en los sistemas hidráulicos de los afluentes mexicanos aforados que hagan difícil para México dejar escurrir los 431.7 millones de metros cúbicos anuales que se asignan a los Estados Unidos como aportación mínima de los afluentes mexicanos… los faltantes que existieren al final del ciclo aludido de cinco años se repondrán en el ciclo siguiente con agua procedente de los mismos tributarios”.

Vale la pena considerar, por si la anterior estipulación no resultara pertinente o aplicable, que el último párrafo del mismo artículo 4 dice lo siguiente:

“Siempre que la capacidad útil asignada a los Estados Unidos de por lo menos dos de las presas internacionales principales [La Amistad y la Falcón], incluyendo la localizada más aguas arriba [es decir, ya en territorio de EU], se llene con aguas pertenecientes a los Estados Unidos, se considerará terminado un ciclo de cinco años y todos los débitos totalmente pagados, iniciándose, a partir de ese momento, un nuevo ciclo”.

Más todavía, el artículo 9 del Tratado en su inciso f) dice: “En los casos en que concurra una extraordinaria sequía en un país con un abundante abastecimiento de agua en el otro país, el agua de éste almacenada en los vasos de almacenamiento internacional podrá ser extraída, con el consentimiento de la Comisión (Internacional de Límites y Aguas entre México y Estados Unidos), para uso del país que experimente la sequía”.

Aunque el Tratado no define qué se debe entender por “extraordinaria sequía”, por “abundante abastecimiento de agua”, por “serio accidente en los sistemas hidráulicos de los afluentes mexicanos aforados” y qué por “capacidad útil” de las presas internacionales y una de aguas arriba ya en territorio de EU, la pregunta ahora es si ya se exploró que se cumpla alguno, al menos, de estos tres supuestos que liberarían a México, según el Tratado, de pagar los adeudos de agua que nuestro país pudiera tener con el vecino del norte.

Causa la impresión de que no se han explorado. Por lo tanto, la sangre no llegará al río. Mucho menos el agua.

Una hipótesis que se puede avanzar sobre este asunto es que el gobierno mexicano le está haciendo el juego, de rodillas como lo ha venido haciendo, al candidato presidencial republicano para que Trump no pierda la elección en Texas. ¿O qué otra teoría puede explorarse? Una crisis similar en 2002, durante el gobierno de Fox, se pudo arreglar sin mayores complicaciones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.