En Baja California comenzó, ¿acabará en Baja California?
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En Baja California comenzó, ¿acabará en Baja California?

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En Baja California comenzó, ¿acabará en Baja California?

15/07/2019
Actualización 15/07/2019 - 13:39

Como si las cosas estuvieran tranquilas en el ambiente político, en Baja California un millonario con alma de cacique decide cambiar la ley para gobernar tres años más. Sabedor de que la oposición atraviesa sus peores momentos compra a los diputados del PAN y del PRI, que sin ningún pudor se corrompen y complacen al nuevo amo. El millonario troglodita es el señor Jaime Bonilla, que bajo las siglas de Morena ganó ampliamente en las elecciones para gobernador. El periodo para el que fue elegido es de dos años. Pero claro, montado en la onda autoritaria decidió cambiar la ley para darse más del doble de tiempo en el gobierno para el que fue elegido.

El señor Bonilla, como buen millonario, conoce el valor del dinero y sabe de qué cojean los políticos, honestos o no. A los débiles de escrúpulos les da dinero, les compra la voluntad, doblega su espalda con lisonjas y efectivo. Claro que hay quienes no quieren dinero pero, por ejemplo, no pueden darse el gusto de sus pasiones. Como López Obrador que, si es cierto lo que dice, lleva doscientos pesos en la cartera y le es imposible así costearse ver un juego de las grandes ligas de beisbol en Estados Unidos y mucho menos pasar a saludar a uno de sus admirados toleteros. Para eso existen personas como Bonilla, que consiguen con facilidad cualquier cosa que cueste dinero. Por lo cual se llevó a AMLO a un partido de beis y a conocer a uno de sus ídolos. Ya después fue candidato a senador en BC y ahora gobernador. Como buen hombre opulento quiere cumplir su capricho desperdigando dinero. Pero su ambición es mucho mayor que su conocimiento de las leyes –suele suceder con gente millonaria– y está topando con el reclamo generalizado de sus tropelías.

Jaime Bonilla es también un ciudadano estadounidense y ocupó un puesto público en el Distrito de Aguas de Otay, en California. Como se trata de un puesto de elección popular es muy probable que haya tenido que jurar cumplir las leyes de aquel país en representación de sus electores. Ocupó el cargo por más de diez años. Todo parece turbio en torno a este señor.

Lo que sucede en Baja California es alarmante para todos. Para Morena, porque parece ser que sus miembros se mueven por caprichos y quieren pasar incluso por encima del pacto federal (como bien ha señalado Porfirio Muñoz Ledo, que no está dispuesto dejar de señalar la gravedad del asunto), y porque da una muestra de la regresión que significa elegir a sus candidatos; para la oposición porque evidencia su atrofia, la corrupción que los habita sin distingo. Particularmente el caso del PAN es escandaloso. De sus diputados la gran mayoría no resistió el embate del dinero, se entregaron de la manera más burda y corriente al nuevo gobernador. Pero su lacayismo indigno no quedará impune. En su tierra siempre serán señalados como bazofia política, sujetos que se compran y se desechan. Es una oportunidad para la dirigencia de ese partido no sólo la expulsión, sino la denuncia por corrupción de los indign@s diputad@.

En Baja California comenzó la transición democrática en México con el triunfo de un panista en la elección a gobernador, en 1989. Treinta años después, el propio PAN cava la tumba de las virtudes democráticas en ese estado. Y en el país, hay que decirlo, la democracia está en peligro. En Baja California empezó nuestra joven democracia, no permitamos que termine ahora en Baja California.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.