La toma de los medios
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La toma de los medios

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La toma de los medios

26/06/2019
Actualización 26/06/2019 - 14:10

Es claro que un objetivo de la 4T es el de hacerse de medios masivos de comunicación. Saben la importancia que tienen y no piensan dejar que corran solitos. Por otro lado, otorgan cierta fama que para las bajas autoestimas no viene nada mal. En uno de sus libros –El Imperio– Ryszard Kapuściński menciona, para ejemplificar la relevancia mediática en la política, que si antes los golpistas asediaban las sedes de congresos o los palacios presidenciales, de unas décadas a la fecha lo hacen en las estaciones de televisión. López Obrador lo sabe y su gente también, no se tiene el poder completo si no se cuenta con medios de comunicación. De ahí la toma completa y ciertamente burda de los medios públicos por parte de la nueva y al mismo tiempo vieja clase gobernante.

Esta semana a más de uno sorprendió lo sucedido en Radio Centro. La llegada a los micrófonos de periodistas con causa política a favor de López Obrador ha llamado la atención de los analistas y la comentocracia tuitera. En efecto, ha sido sorprendente el cambio radical de la empresa al contratar periodistas cercanos al presidente, pero no creo que esté mal. De hecho me parece que hay una audiencia real que quiere escuchar ese tipo de voces y de información, y lo más normal es que encuentren lugar en el espectro radiofónico. No importa si toda la cadena se vuelve chaira. Hubo épocas en que casi todas eran priistas. El PAN nunca logró siquiera tener un medio a favor, pero podía encontrar eco en diversos comentaristas. Ahora Andrés Manuel ha puesto su alineación mediática –todavía no termina, por supuesto. Me parece que Julio Hernández tiene bien ganado su prestigio de periodista profesional sin que esto le quite tener identificaciones ideológicas, simplemente políticas o electorales. La chairiza lo admira y es una buena contratación desde donde se le quiera ver –salvo el caso comercial que lo ignoro en términos de esas estaciones radiofónicas. Que sea director de noticias en esa empresa habla sencillamente de un cambio, un giro de tono en las estaciones de la empresa, algo que tienen todo el derecho de hacer.

Dos cosas me inquietan al respecto: la primera, que las demás radiodifusoras no hayan tomado una clara línea editorial a favor de cierta corriente política en circunstancias en las que el propio presidente de la República está obligando a todos a tomar una definición. En otros países lo normal es tener una definición política en los medios; en México les da por sentirse objetivos, pero en realidad siempre están a la espera de ver de qué lado masca la iguana. La otra cosa llamativa es muy delicada. Ayer mismo salió publicada una nota que menciona el enorme adeudo que tiene Grupo Radio Centro con el SAT ('Debe Radio Centro millones al SAT' Reforma 25/06/19). No estamos hablando de cantidades menores, pues son más de 192 millones de pesos de adeudo fiscal, y con los números y dificultades financieras que trae el grupo, según diversos reportes periodísticos, no se ve fácil que los pague. La decisión de la empresa de volverse amlista va de la mano de sus problemas fiscales. Ya veremos en qué acaba el asunto.

Por otro lado están los medios públicos. Concretamente en el Canal Once se han lanzado programas un poco anticlimáticos, más por quienes participan que por el contenido en sí. Hacen más ruido en Twitter que el alcance que pueden tener esos programas. Está mal que el gobierno use los medios públicos como herramientas de propaganda, eso estaba casi borrado del panorama. Sorprende que gente tan antipática como Hernán Gómez o John Ackerman se las den de cómicos con gran sentido del humor. Es parte de las paradojas de la 4T en la que se resalta no por la simpatía, sino por la cantidad de fobias que se puedan tener. El problema es que están usando los medios públicos para la difusión de sus terrores y repulsiones personales. Por lo pronto nos podemos olvidar de esos medios, nada bueno saldrá de ahí más que resentimientos y ocurrencias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.