El mitin como respuesta
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El mitin como respuesta

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El mitin como respuesta

13/06/2019
Actualización 13/06/2019 - 8:37

Ante la ausencia de estrategia, un mitin.

Ante la carencia de respuestas claras y puntuales, un mitin.

Ante la inexistencia de una estrategia precisa, razonada, un mitin.

Esa parece ser la herramienta favorita del presidente López Obrador.

Construir con retórica y narrativa triunfalista la percepción de que todo va bien y estamos haciendo muy bien las cosas –como repetidamente señala.

Dos casos recientes: El de la 'defensa a la integridad' en Tijuana frente a la crisis migratoria y arancelaria con Estados Unidos, y el de apoyo a Claudia Sheinbaum, ante la inocultable detonación exponencial de la inseguridad en la Ciudad de México. ¿Cómo reacciona el Presidente? Dos mítines.

Tenemos un Presidente en campaña permanente, en acciones políticas para consolidar su movimiento electoral (Morena), para posicionar a sus seguidores, servidores y funcionarios, y para aprovechar toda oportunidad de presencia masiva.

El Presidente extraña la plaza, es su elemento natural, su espacio de mayor y mejor expresión política frente a sus seguidores. Utiliza ese mecanismo cada vez que necesita reforzar un planteamiento, apuntalar un concepto, fijar una posición.

El evento en Tijuana, el último sábado, atestiguado y cobijado por gobernadores y líderes diversos, pretendía ser un acto de unidad en torno al agresor del norte, un cierre de filas frente al ataque político y comercial del presidente Trump. El alcance de un acuerdo el viernes por la tarde noche, forzó la reconstrucción del discurso y del mensaje. Marcelo se apuró en llegar, hizo mención de las largas horas de negociación, de su esfuerzo y el de toda la delegación. “Con la dignidad intacta”, dijo el sábado frente a miles de morenistas.

A pesar del prudente tono conciliatorio y de amistad de Andrés Manuel, estaban preparadas las artillerías para lanzar algunos mensajes contundentes a la agresión del socio y el aliado. El acuerdo en principio –sujeto a la verificación y validación en 45 días– eliminó –¿o sólo pospuso?– la implementación de aranceles a productos mexicanos hasta que la disminución del flujo migratorio desde Centroamérica deje satisfechos al Departamento de Estado, a la Casa Blanca, pero principalmente al presidente Trump.

Asunto delicado y tramposo, porque la herramienta obedece a los ciclos de la campaña electoral en Estados Unidos, y no tanto a la eficiencia del dispositivo puesto en marcha por el gobierno mexicano.

En sus zapatos, me inclinaría por reducir al máximo el flujo migratorio, comprobado y registrado, para evitar los humores y el uso faccioso de Trump.

La tendencia primaria de AMLO es ir a la plaza, pregonar los principios de la patria y el nacionalismo, antes que diseñar medidas y estrategias pertinentes: escenario A, B, C.

Nadie reconoce en esas convocatorias los errores de la absurda política de puertas abiertas, los dilates de la señora Sánchez Cordero y su millón de visas de trabajo. Ahora estamos contra la pared.

El otro ejemplo, más penoso y vergonzoso, es el mitin en una alcaldía de la Ciudad de México para defender a Claudia Sheinbaum. Ante el innegable incremento en las cifras de asaltos, robos, extorsiones y secuestros en la Ciudad de México, el Presidente eligió la plaza pública para darle un espaldarazo a la jefa de Gobierno. Frases exageradas como “no está sola”, “esos abusadores, machucones”, y otros dislates presidenciales.

¿La víctima es Claudia Sheinbaum o las víctimas son los miles de ciudadanos capitalinos que han sido golpeados por el secuestro, el robo, la delincuencia común? ¿Por qué tendría una mujer con un doctorado universitario, defensora y luchadora de la equidad de género, tener que ser defendida por su… jefe, protector, padrino, benefactor?

Los problemas, señor Presidente, serios y graves que aquejan al país, muchos de los cuales se vienen acumulando por años, no son responsabilidad exclusiva de su administración o de 'sus' –como pareciera implicar con las declaraciones– colaboradores, no se resuelven con mítines e inflamadas afirmaciones en la plaza pública. No son, como muchos pretenden afirmar, un tema de percepción o imagen: ahí están los números de los delitos cometidos, al alza en la CDMX en los últimos cinco meses. Son problemas complejos, de difícil abordaje y de estrategias múltiples. La plaza y el discurso, muy rentables electoralmente, no abonan a la solución de los problemas. Hoy existe una percepción extendida acerca de una jefa de Gobierno ausente, ineficaz, que no ha encontrado mecanismos para luchar contra la delincuencia. No es un tema sectario, de persecución partidista. Es un tema de resultados, como a todo funcionario público. La plaza es pirotecnia, distracción, pan y circo, oratoria sonora, que deja los problemas sin solución, sin planes, sin estrategias.

Es su estilo, nos hemos acostumbrado. Pero la realidad no cambia con el discurso, los problemas permanecen y requieren de otras herramientas, acciones, estrategias. La ciudadanía, con todo y los mítines, demandará tarde o temprano resultados concretos y medibles. Conviene no perderlo de vista.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.