El 'show' debe continuar
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El 'show' debe continuar

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El 'show' debe continuar

30/07/2020
Actualización 30/07/2020 - 8:43

Tres días de comparecencias en el mediático caso de Emilio Lozoya, y no tenemos aún revelaciones interesantes. El acusado se ha declarado inocente en el caso de Agronitrogenados (lavado de dinero que se convirtió en la vinculación del juez en recursos de procedencia ilícita, el primer gesto de suavidad judicial). Y después no culpable en el caso de Odebrecht (con delitos más graves como el mismo lavado, pero también delincuencia organizada y cohecho).

La irrefutable evidencia que este caso ha mostrado a la sociedad mexicana hasta ahora es la manipulación política del proceso. El inculpado no ha pisado la cárcel y tampoco ha comparecido frente a un juez. Todo ha sido por medios virtuales, interrogatorios a distancia, con la generosa condición de hospitalizado VIP en una suite del Hospital Ángeles.

El secreto del pacto entre el gobierno y Lozoya consiste en la información, gradual, a cuentagotas, que el acusado irá liberando a medida que el juicio avance. Ya señalaban esta semana colegas de El Financiero ¿cuánto más aguantará la atención pública a este juicio-espectáculo sin que haya revelaciones significativas? AMLO es un maestro en el manejo de la tensión y la atención pública. Conoce los secretos del gancho, el epílogo, el teasser al final de cada capítulo para jalar la atención al siguiente y sus oscuras revelaciones.

En este país no hablamos hoy de la economía en pedazos, destrozada por una crisis, por una pandemia es cierto, pero derruida por una serie de decisiones erráticas del gobierno. Pérdida de inversión, salida de capitales, derrumbe escandaloso del empleo, 12 mil empresas cerradas, Pemex con pérdidas que alcanzan los 800 mil millones de pesos en 19 meses. Ese no es tema. El guion del espectáculo marca el hangar presidencial y el avión neoliberal cuya venta y rifa han resultado otro tropiezo al show. Ni se vendió ni se han acabado los famosos cachitos de la rifa (25.6 por ciento según la Lotería Nacional) se han vendido en julio para un sorteo irregular en septiembre.

El guion marca más distractores, más elementos para conducir la atención pública al circo del “tribunal ciudadano” (sic, AMLO, conferencia matutina, martes 28 de julio). “No se lo pierdan”, “hay que estar atentos”, dijo el presidente ese mismo día.

Cuando este espectáculo toque a su fin, cuando los delitos, las revelaciones, el señalamiento a legisladores corrompidos, las incomprobables instrucciones del presidente anterior, o los secretarios de Economía o de Hacienda, habrá que tener nuevo guion y nueva historia. De las acusaciones que haga no podrán ser comprobadas, aunque el acusado haga uso de esos recursos para decir que él no es un hampón en el fondo, sino que fue forzado a ello. El sistema lo corrompió, lo hizo así.

Por lo pronto la justicia se adapta, se acomoda, para tratar a un funcionario sobradamente corrupto según todas las evidencias existentes (sus casas, sus cuentas, el lavado y desvío de dinero a cuentas de sus familiares, su huida a Alemania, España, sus conexiones con Rusia, Senegal, etcétera), más lo que se agregue esta semana, como a un prócer de la honestidad y del compromiso con la 4T. Súbitamente, Lozoya, el que transportaba maletas de billetes en aeronaves oficiales, es 'testigo' consentido de un gobierno urgido de construir más espectáculos llamativos y jugosos para la grada del circo.

Pero no se preocupe, el cálculo oficial contempla a César Duarte, que llegará de Estados Unidos justo a sustituir a Lozoya como protagonista cuando este espectáculo haya terminado. El show debe continuar.

Y será así porque tampoco hablamos de la irresponsable gestión del gobierno ante la crisis sanitaria. Cinco meses se tardó Gatell en reconocer, a medias, que el cubrebocas daba resultados y cumplía un efecto preventivo, protector. ¿Cuántas vidas podrían haberse salvado si desde el día uno, la Secretaría de Salud hubiera asumido una posición seria, congruente con la realidad?

No es novedad que un gobierno utilice al aparato de justicia para sus propios fines políticos. Lo hicieron los anteriores y lo hace este régimen, aunque insiste en presentarse como diferente. Rosario Robles, antes de ser culpable por corrupción, es víctima de venganza política.

Lozoya será cuidado, atendido, protegido mientras arroje acusaciones falsas o verdaderas en contra de personajes que se sumen a la lista de créditos del espectáculo. Serán con toda probabilidad falsas, para salvarse de las rejas, de una condena larga y prolongada y salvar además a sus familiares que fueron cómplices y prestanombres (delitos por cierto, también tipificados en el Código Penal). Para salvarse del patíbulo, lanzará acusaciones a diestra y siniestra que, me parece, la Fiscalía tendrá enormes dificultades para construir expedientes y presentar evidencias.

Pero eso no importa, porque el show debe continuar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.