“Los demócratas”
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“Los demócratas”

08/08/2019

Este nuevo grupo gobernante nos ofrece a diario ilustrativas lecciones acerca de su convicción democrática.

No tengo la cifra exacta de todos los contratos que han otorgado por asignación directa, eliminando el concurso de licitación que por mandato de ley la mayoría de las obras públicas deben transitar, pero significa la decisión de entregar contratos a empresas de su preferencia. Lo cual, déjeme decirle –luego nos acusan de no decir lo de antes– era costumbre extendida en el pasado; es decir, se representaba el concurso con actores o empresas relleno, cuando la decisión se había tomado con antelación para favorecer a una empresa o grupo específico.

En estas mismas páginas denunciamos la forma en que la Comisión Federal de Electricidad conformaba consorcios para licitaciones: en la misma oficina del director adjunto –sala de juntas– se conocían compañías extranjeras con sus nuevos “socios” mexicanos. Empresas desconocidas, sin antecedentes ni experiencia y, en más de una ocasión, de origen mexiquense. La lógica de gobierno en este país, indicaría –si fuéramos mal pensados– que llegó el tiempo de las empresas, consorcios y profesionales de Tabasco. Ya aparecen algunos en la administración pública sin mayores credenciales que la amistad.

Para los nuevos, en su convicción profunda por corregir los excesos y abusos del pasado, es preferible eliminar el “ficticio” proceso de licitación y de forma directa otorgar contratos a empresas que, a su juicio, están limpias.

No es un criterio transparente eliminar procesos. Si estaban viciados, como muy probablemente lo estaban, mejor limpiarlos y depurarlos a desaparecerlos.

Pero hay más, mucho más.

La diputada Dolores Padierna (Morena), compañera de estas páginas, presentó ayer la vergonzosa iniciativa para conservar por tres años la presidencia de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados. Estos, los que se autodenominaron demócratas por décadas, que lucharon por la democratización del país desde la oposición, hoy se convierten en el PRI de los 80. Todo les pertenece porque son la fuerza mayoritaria, aplastan a la oposición porque son minoría. Por años, los escuché gritar en tribuna y quejarse del mayoriteo del que eran víctima. Hoy actúan igual que la fuerza hegemónica y antidemocrática del pasado, escudados –dice Padierna– en que recibieron un voto abrumador y mayoritario.

Ese sólo argumento ya es discutible, puesto que los diputados plurinominales obedecen a un mecanismo legal de distribución de curules a la fuerza política que obtuvo la mayor cantidad de votos, pero, esas curules, se reparten, no son resultado del voto directo en las urnas. Esta Cámara registra una sobrerrepresentación de Morena, por los plurinominales y por los votos y pesos que les han otorgado sus aliados.

Morena no tiene derecho a romper la presidencia rotativa que existe en la Cámara desde hace 18 años. No tiene el respaldo popular ni el electoral. Es un argumento amañado.

El Presidente de la República no hace un ejercicio democrático al fustigar cada mañana a los que considera sus adversarios, los conservadores, neoliberales, implícitos socios y aliados de la corrupción. No es un candidato en campaña, es el jefe del Estado Mexicano, titular del Poder Ejecutivo, gobierna –o debiera hacerlo– para todos.

Demócrata es el que escucha, se nutre y se alimenta de las posturas y posicionamientos de otros grupos sociales y políticos en beneficio de la nación.

Demócrata es quien tolera las diferencias políticas e ideológicas, porque hoy más que nunca las naciones son plurales y se componen de mosaicos múltiples, variados, en pensamientos y posturas.

Demócrata es el servidor público electo para una posición de servicio que gobierna, sirve y atiende a todos, especialmente a aquellos que no votaron por ese servidor público.

Es antidemocrático imponer, aplastar, evitar el acuerdo disfrazado bajo la fuerza de un voto mayoritario.

Hay muchas conductas y actitudes que asemejan a sus antecesores en los años del poder único, omnipotente y absoluto. Continuamente se escuchan estos argumentos en los pasillos de las cámaras, como soberbia expresión de un poder sobrado de resentimiento y rencor: ahora nos toca a nosotros, dicen con frecuencia.

Altura de miras requiere y demanda el país. ¿Son demócratas? ¡Demuéstrenlo! Dejen de comportarse como aquellos que hacían cínica gala de su poder atemporal y omnipresente.

Los casos de Bonilla, en Baja California, y la Ley Garrote, en Tabasco, son continuas y repetidas expresiones antidemocráticas, que atropellan el Estado de derecho y que disfrazan una auténtica voluntad autoritaria.

Los autodenominados demócratas de ahora se parecen en mucho a los convencidos autoritarios del pasado, quienes aseguraban ser poseedores de la luz del desarrollo y del crecimiento.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.