¿Nuevo sindicalismo?
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¿Nuevo sindicalismo?

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¿Nuevo sindicalismo?

17/10/2019
Actualización 17/10/2019 - 10:17

El anunciado retiro de Carlos Romero Deschamps del liderazgo sindical petrolero parecería indicar la renovación de un movimiento caracterizado por la corrupción, las componendas y las alianzas políticas.

Romero representa, como otros varios –no es el único–, el sindicalismo 'charro' mexicano; el de los compadrazgos, el control férreo de las bases, el enriquecimiento a costa de los trabajadores, pero también como producto de las alianzas político-electorales. Ningún sindicato ni líder puede llamarse verdaderamente democrático si permanece dos décadas al frente de una organización.

El presidente de la República, en su particular estilo, anunció en conferencia de prensa que era momento de retirarse; envió el mensaje, adelantó investigaciones como oscura amenaza de que no se permitirán rebeldías: si se niega, aténgase a las consecuencias porque toda la fuerza de la empoderada UIF (Unidad de Inteligencia Financiera) se desatará inquisitorialmente en su contra. Hoy sabemos más, poco después del mensaje público: la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, le hizo saber por adelantado al sempiterno líder petrolero que había llegado el momento, el presidente así se lo recomendaba. Preparar la transición, ordenar los asuntos y retirarse en tranquilidad y sin aspavientos. Con lo que no contaba don Carlos Romero es que a pesar del diálogo y de la 'cálida' invitación presidencial, vendrían las investigaciones que no se detienen, aunque haya renuncia y discreto retiro. Lo que se conocerá a partir de ahora como el formato Medina Mora.

Intentó Romero Deschamps un encuentro personal con el presidente, mediante los oficios de doña Olga; no lo consiguió. López Obrador, fiel a sus convicciones, se negó a la foto con el símbolo del sindicalismo más sucio, tramposo y corrupto de México.

La clave está en lo que viene ahora. ¿Es el momento para la renovación no sólo de este sindicato, sino del movimiento de trabajadores de México? ¿Es el inicio de una nueva era en el sindicalismo mexicano? Está por verse.

La historia política y sindical de México señala que las organizaciones laborales se han sometido a los partidos políticos; se han sumado a movimientos electorales, alianzas en favor de candidatos y corrientes. El origen de la CTM (Confederación de Trabajadores de México) y la eterna figura del desaparecido Fidel Velázquez, marcaron un hito en la forma en que los trabajadores y sus organismos se relacionaron con el poder, construyeron relaciones perversas, de sumisión, de connivencia, de sometimiento y control electoral, a cambio de desmedidas cantidades de dinero, contratos preacordados, y la vista nublada del poder para no intervenir organizaciones de cacicazgo perpetuo con beneficio de exclusivas cúpulas.

Así fue por décadas. Salinas retiró al legendario maestro Jonguitud Barrios (SNTE) y los sustituyó por Elba Esther, renovando liderazgo, pero no formatos, controles ni respaldos políticos a cambio de lealtades ciegas. Lo mismo sucedió con el otro legendario Joaquín Hernández Galicia (STPRM), La Quina, removido a la fuerza y con cárcel de por medio cuando se rebeló al nuevo mandatario. Lección que podría haberle sido útil a la todopoderosa maestra Gordillo.

Pero de fondo, no se modificaron mecanismos de elección interna, procesos de selección de líderes, libre y abierta elección de representantes. Prevaleció, aun con la transición democrática, el régimen de sumisión, lealtades al líder máximo, provecho y enriquecimiento escandaloso.

Los recientes ejemplos del vergonzoso pacto entre el presidente y la CNTE, el grupo más radical de hampones en el sindicalismo magisterial, no ofrece un camino alentador respecto a la renovación de las relaciones entre el gobierno y los trabajadores de ningún sector. Si así serán las cosas, será más de lo mismo: acuerdo, pacto en los oscurito, alianza política con apoyos electorales, a cambio de componendas y canonjías para un sector. Nada más.

Sin embargo, el cambio en el sindicato petrolero abre una posibilidad para cumplir la ley. La nueva reforma laboral establece una serie de preceptos respecto a la democracia sindical: elecciones abiertas, libres, con voto secreto, sin intervención partidista. Falta ver que a nadie en Morena, o por instrucciones superiores, se le antoje –al viejo estilo priista– tomar el control de esos organismos corporativistas y reciclarlos en el nuevo carrusel del poder.

El presidente López Obrador tiene la oportunidad histórica de heredar un enorme beneficio a México: impulsar, forzar, garantizar la total renovación democrática de los sindicatos. No bajo liderazgos afiliados a su partido; tampoco bajo procesos oscuros de cambio de unos para la llegada de otros. Sino una auténtica limpia generalizada, que contemple el saneamiento de muchos sindicatos cuya aportación a la productividad y calidad de vida los trabajadores, ha sido nula en décadas. ¿Será posible?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.