Yo tengo otros datos
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Yo tengo otros datos

18/07/2019

Ayer el Presidente de la República comentó en su conferencia matutina que cuenta con un respaldo creciente de apoyo popular, más del doble de quienes votaron por él:

“Hay alrededor de 70, 80 millones de ciudadanos, votaron por nosotros 30; y ahora deben estar a favor de lo que estamos haciendo 50, 60 millones, más de los que votaron por nosotros”.

Una vez más, el desdén del Presidente por el dato duro y los números exactos lo llevan a resbalarse y hacer afirmaciones sin sustento. Todas las mediciones publicadas de respaldo popular a su gestión señalan un descenso en el apoyo ciudadano a sus políticas y su trabajo al frente del Ejecutivo federal.

Mitofsky ubicaba al Presidente en su punto más alto de aprobación desde diciembre, con un 73 por ciento en febrero. De ahí para acá, según las gráficas, se registra un continuo descenso en su aprobación pública, que lo coloca en un 61 por ciento al mes de julio (15).

¿De dónde saca el Presidente la cifra de 50 o 60 millones de mexicanos que lo aprueban? Es inconsistente con las mediciones y con los votantes.

Votaron por él 30 millones de ciudadanos, lo que representó el 53 por ciento de la votación total del 1 de julio de 2018.

Si ese respaldo incuestionable como candidato se mantuviera inamovible como gobernante, no habría descenso alguno en las mediciones de aprobación. Por el contrario, la caída sostenida en ese respaldo señala que de esos 30 millones de ciudadanos que lo favorecieron con su voto hace 12 meses, hoy son necesariamente menos que esos 30. Es decir, la cifra de 50 o 60 millones de ciudadanos, pronunciada por él mismo, carece por completo de sustento real.

Pero más aún, la clave es la tendencia en el registro de su apoyo popular, y esa es sostenidamente a la baja desde febrero de este año. Es decir, pareciera, a partir de estas mediciones, que existe un desencanto entre sus votantes y su nicho duro de apoyo. Es aún muy temprano para establecer alguna conclusión, pero el hecho estadístico es que el Presidente está perdiendo simpatizantes de forma continua desde hace cuatro meses.

Es necesario hacer varios apuntes, porque entre los muchos gastos recortados y suprimidos por el gobierno federal, está justamente la realización de encuestas y el levantamiento permanente de información. Los gobiernos anteriores, con los que AMLO claramente desea romper y separarse, tenían mediciones permanentes de su gestión. Casas encuestadoras contratadas desde la Presidencia para evaluar al titular del Ejecutivo, al gobierno federal, las reformas, políticas, etc. Muchos millones de pesos se gastaron en ello desde Fox, Calderón y no se diga Peña. A veces sucedió que varias firmas realizaban mediciones en paralelo para contrastar resultados y percepciones.

Este gobierno cortó por completo con ello. Es por esa razón que el Presidente carece de datos duros para afirmar que lo apoyan 50 o 60 millones de ciudadanos. Representarían el doble de quienes votaron por él hace un año, y con base en las mediciones, el dato no se sostiene.

Pero de lo que no hablamos en México desde hace 12 meses, especialmente después de la aplastante victoria de López Obrador y Morena, es de los otros, los 26 millones de mexicanos que no votaron por él.

Son sólo cuatro millones menos de los que sí cruzaron la boleta a su favor, pero tal parece, a siete meses de gobierno, que el Presidente prefiere dirigirse solamente a sus simpatizantes y nunca a todos los mexicanos.

Estos 26 millones que no respaldaron su propuesta y su plan de nación, a los que señala como sus adversarios, conservadores, opositores a la transformación, podrían estar creciendo en número y en segmentos socioeconómicos.

Vea usted a los empleados públicos que perdieron su trabajo; a los policías que exigen una liquidación y un trato justo; ahora también a los campesinos que reclaman apoyos, insumos y fertilizantes –a quienes ya descalificó por usar “trocas” o “camisas de cuadritos de marca”.

Distintos grupos sociales expresan de forma creciente su desaprobación a las políticas, los recortes, los despidos y las decisiones del presidente López Obrador. Son representantes de distintos sectores, trabajadores en diferentes industrias o servicios, no se trata de los multicitados empresarios malos que se oponen a la transformación. El problema de fondo es que el Presidente no reconoce sus demandas y reclamos como justos, porque asegura son inmorales, quieren lucrar, obtener beneficios: se acabó, dijo ayer.

Los datos señalan que pierde apoyo, respaldo, de poco en poco, por goteo, pero de forma sostenida. Aunque lo niegue quien sea, la medición estadística ofrece un dato duro, sólido, sin interpretaciones.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.