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Cómo sí combatir la obesidad

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Cómo sí combatir la obesidad

18/08/2020
Actualización 18/08/2020 - 11:48

La obesidad es uno de los mayores problemas de salud pública de México. Según la OCDE, ocupamos el noveno lugar en menores de edad y el sexto lugar entre población adulta. Casi 75 millones de mexicanos padecen sobrepeso u obesidad y el costo estimado de este problema para el país es de aproximadamente 120 mil millones de pesos al año, de acuerdo con especialistas de la UNAM.

Para enfrentar la crisis, los gobiernos han tratado de implementar medidas inconexas y, con frecuencia, contraproducentes. En lugar de plantear medidas de largo plazo con políticas transformadoras, los gobernantes se quedan comúnmente en la superficie con medidas de fácil ejecución, pero de impacto reducido.

Por ejemplo, en 2014 se aprobó un impuesto especial a refrescos y alimentos envasados de alto valor calórico (el famoso IEPS). Se dijo que esto ayudaría a combatir el grave problema de la obesidad. Cinco años después el problema de la obesidad va al alza: entre 2013 y 2018 esta pasó de 72 a 75 por ciento de la población (Ensanut 2018).

No obstante, al amparo de combatir la obesidad, el gobierno ha logrado recaudar cantidades enormes de dinero. En 2019, por ejemplo, se recaudaron más de 48 mil millones de pesos del IEPS, pero sólo se destinaron 500 millones para atender estos problemas de salud pública.

Frente a la pandemia de la obesidad, algunos partidos y políticos quieren ser duros y colgarse medallas de propuestas que nada resuelven. La más notoria fue votada en Oaxaca hace dos semanas para prohibir la distribución, donación, regalo, venta y suministro de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico a menores de edad. (Ayer una medida semejante fue aprobada por el Congreso de Tabasco y en las próximas semanas se replicará en otras entidades).

Si estas son las medidas visionarias que aprueban los legisladores, en pocos años la obesidad será todavía mayor. En lugar de medidas frívolas, hay cosas concretas que se pueden hacer ya.

Primero. Exigir que el gobierno federal eleve el presupuesto de prevención de la obesidad y la diabetes de forma significativa. Como ya se mencionó, sólo se destina uno por ciento de la recaudación total del IEPS para ese propósito. Por ejemplo, se podría exigir que en el Presupuesto de 2021 se pasara al 10 por ciento del IEPS para realmente usar el dinero de la recaudación para prevenir estos males.

Segundo. Exigir que el gobierno termine la construcción de los bebederos en todas las escuelas públicas del país. En 2014 hubo una promesa para usar el dinero de la recaudación de impuestos para ese propósito. A la fecha sólo se han construido poco más de 16 mil (57 por ciento de la meta). Parece incongruente prohibir la venta de refrescos en las escuelas cuando los niños carecen de acceso a agua potable.

Tercero. Discutir la conveniencia de imponer un impuesto al azúcar, el sodio y las grasas vegetales –que son los elementos centrales que contribuyen a problemas de obesidad y cardiovasculares– en lugar de seleccionar de forma discrecional los productos que son sujetos a un IEPS. Se debe grabar los insumos originales para que los productores puedan determinar la composición de sus fórmulas y así sustituir hacia insumos menos nocivos. De esta forma, además, se resuelve un problema básico: ¿por qué se prohibirá a los niños consumir refrescos y no aguas de horchata?

Cuarto. Se deben tomar con mayor seriedad los programas de activación física en las escuelas. Pedir que haya clase de educación física y espacios para ello parece ser una petición extravagante en un entorno de escuelas rurales donde no hay ni siquiera lo básico. Pero reitero: si se quiere combatir con seriedad la obesidad en lugar de estar tomando medidas aisladas y superficiales es necesario pensar cómo dotar a las escuelas de todo el país en los próximos 10 o 15 años de instalaciones que permitan hacer esta labor física.

Quinto. Mejorar la movilidad de las zonas urbanas. Una causa de la mayor obesidad en México se debe al mayor consumo de alimentos fuera del hogar (ha crecido en 20 por ciento en los últimos 10 años). La razón por la que los mexicanos comen cada vez más fuera de su hogar es que tienen que destinar hasta cuatro o cinco horas en transporte diario. Si se logra reducir esos trayectos tan onerosos es probable que la dieta de los mexicanos mejore, así como su economía.

Finalmente, si habiendo tomado una serie de medidas globales se quiere además restringir la venta de productos en las escuelas puede ser una medida adicional que ayude, pero hacerlo de forma aislada carece de sentido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.