El riesgo de la consulta de revocación*
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El riesgo de la consulta de revocación*

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El riesgo de la consulta de revocación*

12/03/2019
Actualización 12/03/2019 - 13:33

López Obrador quiere someterse a una consulta de revocación de mandato en 2021. Es una prioridad. Ayer lo dijo en su mensaje de los 100 días. El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados dijo que cuentan con la mayoría calificada para aprobarla esta misma semana.

La consulta de revocación se vende como un ejercicio de democracia participativa: si el pueblo pone, el pueblo quita. López Obrador la vende como parte de su compromiso democrático, igual que otros políticos. Iniciativas en la materia han sido impulsadas en el Congreso por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. Ricardo Anaya se mostró a favor de implementar ese mecanismo de participación ciudadana como candidato presidencial.

La consulta de revocación despierta simpatía natural, igual que la remoción del fuero o la reducción del dinero a los partidos. Pero entraña muchos riesgos. Para empezar, daría pie para que López Obrador haga su cuarta campaña política nacional y distorsione la equidad de las contiendas electorales en 2021, cuando se renovará la Cámara de Diputados y 13 gubernaturas.

López Obrador advirtió el domingo en Puebla que “nadie se atreva a usar mi nombre para decir que tiene mi apoyo”, al insistir en que el gobierno federal se mantendrá al margen de las elecciones en ese estado. Dijo que combatirá actitudes antidemocráticas: “Nada de compra de voto, nada de tráfico con la pobreza de la gente, nada de acarrear, nada de falsificar los resultados electorales”. Y prometió que no visitaría Puebla hasta que pasen las elecciones. Una muy buena señal.

Pero si el presidente está en la boleta electoral en 2021, la elección de autoridades locales –gobernadores, diputados locales, presidentes municipales– será arrastrada y opacada por la campaña nacional del presidente para lograr su permanencia en el cargo. Los referéndums polarizan al electorado y orillan a decisiones binarias: que permanezca o que se vaya. Y este debate nacional alrededor de la figura de López Obrador inexorablemente se trasladaría a las campañas locales. Como en 2018, muchos candidatos se colgarían de la campaña de permanencia en el cargo para empujar la suya propia.

Una elección con el presidente como el principal candidato propiciaría un caudal de quejas y denuncias ante autoridades electorales. Para empezar, los partidos opositores solicitarían la cancelación de la conferencia mañanera y la prohibición de las giras del presidente porque tendría una triple cachucha: la de candidato, la de presidente y la de promotor de las campañas de los candidatos de su partido.

(En 2010 hubo una queja por parte del IFE en contra del presidente Felipe Calderón para que se abstuviera de emitir mensajes transmitidos en cadena nacional por considerar que violaba la ley durante los procesos electorales).

El dictamen de la consulta de revocación aprobado el año pasado y que se sometería a votación dice que el proceso podrá ser solicitado por el mismo presidente de la República, lo cual es contradictorio, ya que el propósito de una consulta revocatoria es cesar a un funcionario electo antes del término de su encargo. Es ilógico que López Obrador pueda solicitar su propia deposición, a menos de que sea pretexto para realizar una campaña política.

La consulta de revocación es un caso extremo y excepcional para remover del cargo a un gobernante que ha faltado a la verdad, traicionado su ideario o ha mostrado incapacidad para cumplir su encomienda. Hay otros métodos para deshacerse de un gobernante incompetente –como el desafuero y el juicio político–, pero la revocación es mediante voto directo del pueblo elector.

La revocación de mandato se constituye así en un derecho político de los ciudadanos, no una potestad de los gobernantes. Son aquellos quienes pueden activar el procedimiento, pero si se da la potestad para que lo pueda hacer el mismo gobernante, se pervierte su lógica y, de ser un derecho ciudadano, se puede convertir en un pretexto del gobernante para amasar su popularidad y afianzar su poder.

Según Jorge Alcocer, coordinador de asesores de la Secretaría de Gobernación, “son contados los países en que, tratándose del presidente de la República, existe la revocación, son los casos de Venezuela y Bolivia, en donde se instauró como parte de las reformas para consolidar el poder del gobernante que la promovió”. (Reforma, 18 de octubre de 2018).

Durante los últimos 30 años, el país ha hecho sucesivas reformas electorales para contener la injerencia indebida del gobierno en los procesos electorales. El mismo López Obrador acusó a Vicente Fox y a Felipe Calderón de entrometerse en las dos primeras campañas en las que él fue contendiente. Si en 2021 hay una consulta detonada por el mismo López Obrador y/o por Morena, lo veremos haciendo campaña en todo el país, no sólo para defender su causa, sino para apoyar a los candidatos de Morena a la Cámara de Diputados y a las 13 gubernaturas que se compiten ese año.

* Algunas ideas aparecieron en mi texto “La revocación de mandato o la cuarta campaña presidencial”, Animal Político, 29 de octubre de 2018.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.