Fuga en cuatro actos
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Fuga en cuatro actos

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Fuga en cuatro actos

05/11/2019
Actualización 05/11/2019 - 13:41

La inseguridad crece; las promesas del presidente de la República de reducirla en seis meses no se cumplen; el fracaso del operativo de Culiacán muestra a un gobierno sin estrategia y una mala coordinación entre civiles y militares.

Primer acto. La falta de información y las contradicciones de los voceros del gobierno generan una crisis de credibilidad. La prensa, incluida aquella cercana a López Obrador, lo cuestiona acremente. La conferencia mañanera del jueves 31 fue una sucesión de reclamos, un verdadero circo. El presidente se ve asediado y pierde autoridad. En esa misma sesión, el presidente recuerda a los reporteros los dichos de Gustavo Madero: “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal”.

Segundo acto. Los secretarios de Seguridad y de la Defensa asumen parcialmente la responsabilidad por un operativo mal ejecutado; sin embargo, el presidente persiste en el mensaje de que actuaron correctamente y que los conservadores quieren seguir adelante con el aniquilamiento del pueblo. En ese entorno surge en Twitter la etiqueta #PrensaProstituida para que los medios sean acusados de 'chayoteros' en lugar de ser quienes cuestionan.

Tercer acto. El sábado el presidente tuitea: “¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero […] Ahora es distinto […] la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente […] que no permitiría otro golpe de Estado”. Hasta ese momento nadie había sugerido un golpe de Estado, salvo él.

La sugerencia de una amenaza de golpe de Estado se diluye ayer cuando el mismo presidente dice que no hay condiciones en México para tal evento. Agregó que esta aclaración fue necesaria porque el general Carlos Gaytán Ochoa había hecho declaraciones imprudentes.

Cuarto acto. En la conferencia mañanera de ayer lunes se presentó un informe sobre reacciones en redes sociales en el cual se afirma que “los conservadores están desquiciados, desesperados, no tienen argumentos e insultan y utilizan robots” y que las personas detrás de esos ataques serían Aurelio Nuño Mayer (exsecretario de Educación Pública), Juan Carlos Romero Hicks (coordinador del PAN en la Cámara de Diputados) y Luis Calderón Zavala (hijo de Felipe Calderón y Margarita Zavala).

Por la tarde de ayer circulaban etiquetas que desviaban la atención hacia Felipe Calderón: #CalderónEsUnPeligroParaMéxico y #ConLosHijosNo. El tema de discusión central sobre los responsables del fiasco de Culiacán se mezclaba con el golpe de Estado y los presuntos bots del hijo de Calderón.

Cada vez que su gobierno enfrente una crisis, el presidente podrá culpar a los conservadores de tramar un golpe de Estado, volverá a acusar a la prensa de prostitución y bajo ese esquema podrá convocar al pueblo a marchas y actos de apoyo.

La estrategia de polarizar para afrontar crisis sin aceptar la responsabilidad propia es típica de gobiernos con líderes populistas: en ocasiones se acusa a gobiernos extranjeros, en otras a grupos económicos o religiosos o a grupos de inmigrantes o a cualquier actor que sea caricaturizable por la población.

Los gobiernos populistas en cualquier parte del mundo requieren de la polarización para mantener su narrativa fresca, para justificar sus acciones, para recordar que cualquier error no es fruto de la impericia sino de un enemigo que acecha para tumbar el proyecto de transformación social.

(La retórica neoliberal también esconde trucos argumentativos para fugarse: recuerdo aquella que justificaba cualquier crisis económica como un costo inevitable so pena de que las cosas fueran peores).

La única receta para contener este ánimo de confrontación es persistir en el argumento central: exigir cuentas puntuales de hechos y combatir cualquier fuga hacia adelante.

Todos los presidentes mexicanos de la era moderna han estado sometidos a una tremenda crítica, en ocasiones injusta, de los medios de comunicación. No hay nada diferente en esta ocasión. No hay complots ni un trato injusto o excesivo. Así son los medios: es parte de su ADN el someter a un escrutinio despiadado a los gobiernos, sean de derecha o izquierda, tecnócratas o populistas. Así se hizo con Peña Nieto y López Obrador lo celebraba. Ahora se le hace a AMLO y acusa conspiración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.