Halago de la incompetencia
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Halago de la incompetencia

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Halago de la incompetencia

10/12/2019
Actualización 10/12/2019 - 12:20

El presidente López Obrador nombró a Ángel Carrizales López como director general de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA). Carrizales había sido rechazado en cinco ocasiones por el Senado para ocupar vacantes en la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y el Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Durante sus múltiples comparecencias, Carrizales había sido cuestionado por carecer de la experiencia y los conocimientos. Por ejemplo, cuando asistió al Senado como parte de su postulación para integrar la CRE (febrero de 2019), confesó que no sabía qué era el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace). Hace varias semanas compareció para integrarse a la CNH y, ante la pregunta de si el fracking es legal, dijo que lo analizaría a detalle sin dar una respuesta.

Carrizales es ingeniero químico por el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero; trabajó en la refinería Francisco I. Madero de Pemex entre 2003 y 2013; fue asesor de la Dirección de Servicios Generales de la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Distrito Federal entre 2013 y 2015. Antes de ser nombrado en la ASEA, se desempeñaba como subdirector de área en la Presidencia de la República y antes había trabajado en la ayudantía de AMLO.

La facultad de ratificación que tiene el Senado sobre ciertos nombramientos es justamente para garantizar perfiles idóneos para cargos de alta responsabilidad. Que López Obrador haya desoído el mensaje del Congreso y haya enviado la misma propuesta de forma reiterada es un desafío, una forma de desconocer e incluso burlarse de la facultad de control del Senado sobre nombramientos presidenciales.

López Obrador detesta a los expertos y a los tecnócratas porque los ve como fruto del privilegio, porque considera que son parte de una élite: el experto es soberbio, acude a universidades extranjeras y es ajeno al pueblo, piensa el presidente.

Al postular a Carrizales una y otra vez, López Obrador manda un mensaje: “no me importa, yo tengo la fuerza y el poder para nominar a quien yo quiera a un cargo relevante que ustedes consideran es coto de los expertos y tecnócratas; pues ahora esos cotos de privilegio ya no existen”.

Quizá López Obrador busca mandar una señal de igualdad de oportunidades a los desfavorecidos y decirles que cualquiera en su gobierno, aun sea alguien que haya trabajado en su ayudantía, puede aspirar a cargos; no importa que no sepan porque lo más importante es la honestidad y la lealtad al movimiento. Carrizales es un símbolo aspiracional para quienes integran la cuarta transformación y sean leales al presidente, aunque no tengan la capacidad para desempeñar ciertos puestos.

Cuando defendió el nombramiento, López Obrador planteó un falso dilema: “hay quienes tienen mucha experiencia, están graduados hasta en universidades del extranjero, tienen hasta doctorados, pero son deshonestos y a nosotros lo que más nos importa es la honestidad; si hablamos en términos cuantitativos 90 por ciento honestidad y 10 por ciento experiencia”.

Efectivamente, el periodo neoliberal colocó en cargos directivos del gobierno, incluida la Presidencia de la República, a expertos con escasa conexión con la realidad social y política. Efectivamente, hubo mucha soberbia y decisiones equivocadas; también corrupción. Pero así como los doctorados no quitan lo […], la honestidad sin experiencia tampoco.

Finalmente, postular a alguien inexperto o incompetente para un cargo es una forma de deshonestidad, tanto de quien ofrece el cargo como de quien acepta desempeñarlo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.