Sistema de 2.5 partidos
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Sistema de 2.5 partidos

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Sistema de 2.5 partidos

25/06/2019

Ese es el formato del sistema de partidos que se avizora con la información que publicó ayer Integralia sobre las elecciones del 2 de junio pasado: dos partidos –Morena y PAN– aglutinaron de forma conjunta 59.5 por ciento de la votación total emitida ese día. Por número de votos Morena obtuvo, grosso modo, 1.9 millones de sufragios, y el PAN, 1.7 millones.

El resto de los partidos se reparten el otro 40 por ciento, pero ninguno se acerca a los dos punteros. Esto se conoce como el fenómeno de dos partidos y medio, eso es, dos grandes y uno o más partidos que controlan un segmento minoritario del electorado, equivalente a la mitad de la fuerza de los dos grandes.

Se trata de uno de los primeros indicios del nuevo sistema político que estaría emergiendo después del tsunami electoral de 2018. Si el tripartidismo fue el formato de las tres décadas de la llamada transición a la democracia, el sistema bipartidista o de 2.5 partidos podría serlo del periodo de la segunda transición o de la democracia populista.

Hasta ahora la conclusión de muchos analistas ha sido que se está configurando la base de una nueva hegemonía, ahora bajo la batuta de Morena. Sería una reedición de un sistema de partido predominante, como era antes de 1988 con el PRI. Y muchos datos parecen sugerir tal pronóstico. Después del 2 de junio, Morena tiene siete gobernadores (si se incluye al de Morelos), gobierna al 29.9 por ciento de la población a nivel estatal, es gobierno en 15 capitales y es la primera fuerza en 20 congresos locales. En 2021 se compiten 14 gubernaturas, ocho de ellas en manos del PRI, y Morena podría ganar buena parte de ellas.

Aunque el PRI es hoy el partido con mayor número de gobernadores –12– su declive es muy pronunciado: el pasado 2 de junio sólo obtuvo 11 por ciento de la votación total y sólo gobierna tres capitales y es la principal fuerza en sólo tres congresos locales. El Partido Verde, su pareja casi indisoluble que le ayudó a ganar cientos de elecciones durante los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto, lo ha abandonado y ahora navega alrededor de Morena, igual que el Partido del Trabajo.

Sin embargo, los datos que arroja el Segundo Reporte Electoral 2019 de Integralia sugieren que el ascenso de Morena puede ser parte de la configuración de un nuevo sistema de 2.5 partidos más que el de una nueva hegemonía. Es cierto que Morena se ha convertido ya, en pocos años, en el principal movimiento electoral del país, pero se trata apenas de un partido en ciernes, sometido por conflictos de largas filas de aspirantes que provienen del PRD, del PRI y de organizaciones corporativas y clientelares, y sin reglas claras y prácticas rutinarias que le den disciplina y cohesión.

López Obrador es el principal activo de Morena y el impacto de arrastre hace ganar a sus candidatos. Es la principal explicación del triunfo arrollador de Morena en Baja California, combinado con el desgaste del PAN después de 30 años de gobierno. Pero en Puebla el fenómeno empieza a ser diferente. Ahí el PAN obtuvo más votos que Morena como partido, pero el candidato Barbosa ganó la elección gracias al apoyo del Verde y del PT, que le dieron casi 43 por ciento de los votos que obtuvo.

En Durango y Tamaulipas, Morena tuvo un desempeño mediocre: en Durango ganó únicamente dos ayuntamientos de 39 posibles y en Tamaulipas apenas ganó una diputación por mayoría relativa de las 22 que se disputaron. En Quintana Roo ganó todas las diputaciones de mayoría, salvo una, pero la participación fue de sólo 22 por ciento y es difícil saber qué explica su triunfo.

Después del 2 de junio la distribución del poder político en el ámbito estatal es de contrapesos, aunque quizá se trate de un fenómeno temporal. Es generalizado el fenómeno de gobernadores del PRI y del PAN que enfrentan congresos opositores y alcaldes de Morena. De las 12 gubernaturas que controla el PRI, por ejemplo, en diez casos enfrenta congreso opositor. Sólo Coahuila es el paraíso para ese partido: ahí encabeza el gobierno estatal, el Congreso y la alcaldía de la capital.

En los hechos cotidianos, los gobernadores han perdido la fuerza política que gozaban. Se acuñó el término “feuderalismo” para denotar el control político sin contrapeso que muchos gobernadores ejercían en sus entidades. Si Morena sigue su racha ganadora y triunfa en la mayoría de las gubernaturas en disputa en 2021 y hay voto parejo como sucedió en 2018, se restablecería la era de gobiernos unificados. Eso empoderaría nuevamente a los gobernadores, salvo que enfrentarían ahora el contrapeso de arriba, eso es, el control desde la Presidencia de la República, quizá muy semejante a como ocurrió durante la época del presidencialismo clásico del PRI.

El Segundo Reporte Electoral 2019 de Integralia puede ser descargado en www.integralia.com.mx.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.