Trova y Jazz, dos festivales contrastantes en Yucatán
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Trova y Jazz, dos festivales contrastantes en Yucatán

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Trova y Jazz, dos festivales contrastantes en Yucatán

27/11/2019
Actualización 27/11/2019 - 17:32

El Festival de Jazz Resonancias Yucatán tuvo su primera edición del 22 al 24 de noviembre pasado en los municipios de Mérida, Valladolid, Izamal y Progreso. Se realizó con el Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos (Profest) de la Secretaría de Cultura federal, gestionado por su director artístico, el músico Samuel Rafinesque. De ese apoyo, se sumaron, por un lado, aportaciones de alrededor de 800 mil pesos de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SEDECULTA), liderada por Erica Millet Corona; montos adicionales de los municipios participantes y patrocinios de empresas privadas de la región.

En total, los costos para la realización del festival fueron de alrededor de 1.5 millones de pesos y tuvo una asistencia calculada en 6 mil personas. Todos los conciertos del festival fueron gratuitos.

Festival de la Trova

La Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán (SEFOTUR), por su lado, realizó en 2018 la primera edición del Festival de la Trova, un evento de magnitud mayúscula, si lo comparamos con el festival de Jazz arriba mencionado. Con aspiraciones a convertirse en el más importante de Latinoamérica, su primera edición contó con las actuaciones de Armando Manzanero, Jarabe de Palo y Jorge Drexler, usando como inmenso escenario el Paseo de Montejo. Los costos totales anunciados en su rueda de prensa rondaban los 25 millones de pesos, de los cuales, 10 pagaría la SEFOTUR, dependencia liderada por Michelle Fridman Hirsch.

Para la segunda edición en 2019, el Festival de la Trova planeaba realizarse en diciembre de este año. Debido a una serie de acusaciones hechas por una diputada local, que apuntaban a que la empresa contratada para la organización, tenía demandas en curso por precios inflados en otros estados del país, el festival tuvo que posponerse de manera indefinida. No es motivo de este artículo profundizar, ni en las consecuencias por la temporal cancelación del festival, ni analizar las razones y circunstancias que llevaron a esa decisión.

Jazz y Trova

Desde el punto de vista artístico, ambos festivales tienen su propia relevancia, aunque sus alcances son muy diferentes.

El de la Trova 2019, tenía anunciado en su cartel a figuras internacionales como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Caetano Veloso. El de Jazz, por su parte, tuvo nombres de muy alta categoría, como Héctor Infanzón (según algunas voces el mejor pianista de jazz de nuestro país), el grupo Paté de Fuá, que ha ganado varias Lunas del Auditorio y ha sido nominado para un Grammy Latino, y el cuarteto de Jorge Pardo, flautista y saxofonista que ha grabado con figuras como Paco de Lucía y Chick Corea.

No se trata de comparar la relevancia artística de ambos carteles, pues los dos son de alto nivel. Simplemente, que el del festival de Jazz es más conocido para los amantes de ese género musical y no tanto por el gran público, como sí lo son los artistas programados en el Festival de la Trova.

Lo que sí es relevante comparar, son los costos y la potencial permanencia de ambos festivales. Me explico:

Eventos de relumbrón

Hemos visto que cada administración estatal busca crear eventos de renombre que de alguna forma lustren el nombre del gobernador en turno. En la administración de Rolando Zapata Bello, se creó el Festival Internacional de la Cultura Maya, el FIC Maya, que duró lo mismo que él en la gubernatura: seis años. Anteriormente, con Ivonne Ortega Pacheco como gobernadora, se hicieron los conciertos de Elton John, Sarah Brightman y Plácido Domingo en Chichén Itzá, por dar algunos ejemplos. Por cierto, esos eventos de relumbrón casi siempre tenían la firma de Jorge Esma Bazán, perenne y turbio personaje de las administraciones priístas, que mantuvo mucha opacidad en la rendición de cuentas.

Como una iniciativa similar surge el Festival de la Trova, en el actual gobierno de Mauricio Vila Dosal. Un evento oneroso, que genera mucha expectativa y cobertura mediática, justificado con el beneficio de la derrama económica que un evento de esta magnitud genera en la entidad: ocupación hotelera, restaurantes y servicios turísticos. Más el costo de las entradas, por supuesto.

El problema con estos eventos, como el de la Trova, es que solo duran mientras la voluntad del ejecutivo se mantiene. Al cambio de gobierno, borrón y cuenta nueva. Se crea un nuevo festival y desaparece la anterior propuesta.

No sabemos si el festival de Jazz, Resonancias Yucatán, perdurará con el paso del tiempo. Dependerá, sí, de la voluntad conjunta de Erica Millet en SEDECULTA y de su gestor principal, el cornista de la Sinfónica de Yucatán, Samuel Rafinesque. Pero, dado que no tiene un costo significativo en el presupuesto de la SEDECULTA, podemos aventurarnos a creer que tiene altas posibilidades de trascendencia; sobre todo, si después de las 5 o 6 ediciones que tendrá durante la actual administración, se consolida y logra el arraigo en nuestra sociedad.

Por el momento, deseamos larga vida al festival de Jazz. Al de la trova, solo vida.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.