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Sube y baja

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Sube y baja

16/10/2020
Actualización 16/10/2020 - 15:49

Ese será el ritmo económico al que nos tendremos que acostumbrar, mientras la aplicación de la posible vacuna llega a una mayoría de la población, lo que no será antes del primer semestre de 2021.

En tanto, viviremos en un símil del juego infantil que tienen muchos parques, a la espera de que no se transforme en una montaña rusa que arrase con muchos negocios en alguna de sus furiosas vueltas o descensos.

Desde hoy, la planta industrial y los sectores de la economía mexicana deben abrocharse el cinturón y hacer todo lo que esté en sus manos para lograr que las subidas y las bajadas sean suaves, amortiguadas por medidas de contención, ahorro e innovación para aprovechar nichos y oportunidades de mercado.

Uno de los factores que hará el trayecto menos sinuoso es el T-MEC, pero confiar en que sólo con este acuerdo habrá un camino llano es un error; ayudará a que no nos salgamos del eje, sin embargo, no existe ninguna garantía de estabilidad si no actuamos en diversos frentes.

El primero, construir un mercado interno rápido, que pueda incentivar el consumo y haga fuerte a una mayoría de negocios pequeños y medianos. No recomiendo bajo ninguna circunstancia evitar las exportaciones o las ventas en el exterior, pero los rebrotes en Europa, por ejemplo, son una señal de que muchos mercados cerrarán parcialmente sus puertas y se enfocarán en su propio mercado interior para contrarrestar la segunda ola de la pandemia.

En la misma sintonía, ese mercado depende de la creación de empleos, idealmente fijos y dignos, aunque las cifras señalan que la recuperación del trabajo está más en la informalidad y la apuesta es una reactivación alrededor de los proyectos de infraestructura que ya son un hecho entre la iniciativa privada y las autoridades federales.

Aquí los gobiernos estatales juegan un papel fundamental. Restringidos presupuestalmente y bajo una política de mucha austeridad, las entidades deberán impulsar actividades como el turismo, la construcción y rehabilitación de espacios públicos y de vías de comunicación, al tiempo que abren áreas completas para la innovación, el desarrollo de tecnología y la creación de empresas digitales, porque el trabajo desde casa y el control de sistema de producción vía remota serán procedimientos estándar en muchas compañías globales y nacionales.

Eso significa que muchos sectores, las oficinas corporativas para mencionar alguno, quedarán rebasados por una nueva realidad en la que ya no es necesario concentrar a muchos empleados en un solo espacio y se pueden organizar sistemas desde diferentes partes de la República. En este momento, muchas de las filiales de las principales empresas internacionales ya avisaron que el retorno de su plantilla a un espacio físico podría tardar, al menos, 12 meses, es decir, octubre del próximo año.

Con cambios radicales de hábitos corporativos, el desafío es de adaptación, ajuste financiero y diseño de nuevas ofertas para solucionar las necesidades de clientes que también viven en un mundo nuevo.

Desde cumplir con un trámite y hasta vacacionar, requerirán de programación de citas, uso de aplicaciones y procesos eficientes que hagan sencillo y seguro el manejo de información y datos personales.

Dónde almacenarlos seguirá siendo un tema de preocupación, aunque muchas ciudades del país podrían, por fin, volverse esos anhelados clústers tecnológicos que podrían albergar instalaciones de punta para los siguientes decenios.

La pregunta, como muchas veces ocurre en México, es si estamos preparados para esas transformaciones o queremos regresar a una vida corporativa que ya no existe. De la respuesta dependerán cientos de puestos, negocios y segmentos completos que corren el riesgo de salirse del juego e irse al vacío, si no se preparan justo ahora.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.