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Alto riesgo

09/12/2019
Actualización 09/12/2019 - 10:34

Hace tiempo que México no dependía tanto del petróleo como ocurrirá en 2020. Como usted sabe, a partir de 1980, con la entrada en operación de Cantarell, nos convertimos en un país petrolero (que no habíamos sido antes). En años de precios altos, teníamos dinero para tirar. Cuando los precios fueron bajos, sufríamos.

La declinación de Cantarell inicia en 2004, y prácticamente no queda nada de ese inmenso campo. Sin embargo, en el camino encontramos otra zona de muy alta producción (aunque no como la otra), que es Ku Maloob Zaap (KMZ). Ku empezó su declinación hace diez años, Maloob en 2018, y Zaap se mantiene en una meseta productiva, con algunas señales de declinación, pero todavía no concluyentes. Fuera de esos cuatro campos, la producción es bastante moderada. En el mejor momento, 2012, no alcanzó a llegar a 1.5 millones de barriles diarios (mbd), y en los primeros diez meses de 2019 suma 863 mil.

Pero antes de entrar en detalle acerca de los escenarios para 2020, le explico por qué la gran dependencia que tendremos en ese año. Conforme caía la producción a partir de 2004, la economía fue diversificándose, cada vez más orientada a las exportaciones manufactureras, y eso nos permitió un crecimiento bastante razonable, considerando la caída que sufría la industria más grande del país entonces. Para tener una referencia, en los últimos 15 años la actividad industrial ha crecido en promedio 0.8 por ciento cada año, porque petróleo y gas caían -4.2 por ciento. Sin ese lastre, el crecimiento de la industria habría sido casi del doble: 1.5 por ciento promedio anual. En 2020, las exportaciones manufactureras sufrirán una contracción, debido a la menor actividad industrial en Estados Unidos (y el resto del mundo).

Por otra parte, a partir de 2009 el gobierno empezó a hacer esfuerzos para no financiarse del petróleo de manera excesiva. Se mejoró la recaudación del Impuesto sobre la Renta (ISR) con algunas medidas como el IETU, y más recientemente con la reforma fiscal de 2013. Se recuperó el IEPS a gasolina y diésel, y se elevó un poco el IVA. Gracias a eso, la caída de aportación del petróleo, que fue de tres puntos del PIB, logró compensarse temporalmente.

Pero el nuevo gobierno no aprovechó su gran popularidad para hacer una reforma fiscal, por lo que el margen que se obtuvo en 2014 se fue acabando. Por eso hoy tienen que casi destruir la capacidad del gobierno para financiar los programas de reparto de dinero que tanto le importan al Presidente.

No menos importante, la visión de López Obrador del petróleo, y la energía, corresponde a otra época. Cree que el gobierno debe controlar ese mercado, en parte por 'soberanía', en parte por negocio. Por eso detuvo la aplicación de la reforma energética, regresó a invertir en Pemex creyendo que con eso aumentaría la producción de crudo, y además se comprometió con una nueva refinería. El resultado de estas decisiones es una mayor carga para el gobierno (que no tiene dinero, como veíamos), la destrucción de los organismos autónomos, que garantizaban el cumplimiento de la ley, y, por todo ello, un riesgo importante de que el abasto de energía sea escaso y caro.

Como vimos, el próximo año las manufacturas no tendrán buen comportamiento, y la construcción no parece que vaya a reactivarse (porque el gasto del gobierno en infraestructura será menor al de este año), de forma que el crecimiento de la industria depende del petróleo.

Por el lado de las finanzas públicas, sin crecimiento económico, la recaudación no podrá mejorar, así que todo depende de la producción de petróleo, y del precio que alcance.

En suma: hemos vuelto a depender del petróleo, pero en un momento poco recomendable para ello.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.