Es lo de hoy
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Es lo de hoy

COMPARTIR

···

Es lo de hoy

06/09/2019

Esta semana hemos comentado acerca de lo que ocurre a nivel global. No es la primera vez que dedicamos algunas colaboraciones al tema, pero en esta ocasión no los he escrito como serie, sino que han ido apareciendo poco a poco. A lo mejor parecen desconectados, pero creo que es natural en un asunto que no es tan claro como uno quisiera.

Ayer le comentaba cómo la construcción de un discurso “liberal científico” ha sido difícil de lograr. Se trata de asumir que todos los seres humanos somos esencialmente iguales, aunque tengamos diferencias individuales, y que podemos conocer la realidad, aunque tengamos serias limitaciones cognitivas para ello. La combinación de estas dos ideas hace imposible sostener otras, como el que algunos grupos sean mejores, que haya sociedades que no deben investigarse, o que existen fuerzas sobrenaturales que afectan nuestra vida. El problema es que estas ideas son más naturales que las otras. Estamos hechos para identificarnos con grupos pequeños, especialmente aquéllos en los que crecemos, y por lo tanto para excluir a los demás. Y tenemos una combinación de ilusiones que nos facilitan creer en causas sobrenaturales. Por eso desde que vivimos en grupos mayores a lo natural lo hemos hecho alrededor de este tipo de creencias.

También le decía que la reacción contra el “liberalismo científico” ha sido enfatizar que causa desigualdad y destruye valores tradicionales. De eso se quejaba Rousseau, por ejemplo. Mismas quejas escuchamos hoy, que por cierto enfatizan que la desigualdad actual es similar a la existente antes de la Primera Guerra Mundial. No se compara mucho más atrás porque no hay datos, pero seguramente encontrarían que también en la vida de Rousseau era del mismo nivel. Es perfectamente posible que una sociedad que considera esencialmente iguales a los seres humanos no tenga una distribución equitativa de la riqueza, porque se trata de dos cosas diferentes. Si se confunden, entonces podría ocurrir que busque uno resolver la segunda, destruyendo la primera. De hecho, esa ha sido la falla de todas las utopías: igualemos los resultados eliminando los derechos esenciales de los seres humanos. Hágase la voluntad general en la libertad de mi compadre.

Ahora bien, esto no exime a los tres intentos de construcción del liberalismo de sus fallas, que deben medirse con base en su oferta. En cada ocasión se fue ampliando el conjunto de personas que se consideraban “esencialmente iguales”, y es sólo en esta última, el neoliberalismo, cuando puede uno hablar, por primera vez, de una visión realmente universal. Pero la aplicación incompleta, relegando a las mujeres, manteniendo la esclavitud, despreciando a latinos y asiáticos, por poner ejemplos, merece crítica, sin duda. Esas fallas no las resuelven ni los buenos salvajes ni la dictadura del proletariado ni los guerreros de la justicia social. Porque no es la reacción lo que facilita la libertad, ni puede un grupo moralmente superior producir igualdad. Si acaso, revancha.

Termino recordando que estos tres intentos han sido occidentales. Que las críticas a los mismos han surgido también de occidente. Que el derrumbe actual lo que permite es que no haya contrapeso a propuestas totalitarias de otras partes, que hoy parecen igual de atractivas, o mejores, que el experimento neoliberal. Son sin duda propuestas anacrónicas, desde la religiosidad medieval cristiana o del Islam hasta el “capitalismo de Estado”, pasando por socialismos del siglo XXI, se trata de ideas sin futuro alguno. Todas, de hecho, existen por ser parásitos del neoliberalismo.

Pero ante el derrumbe del discurso, ante el alud de críticas de los beneficiarios principales (académicos, políticos, empresarios, gente de medios), la población ya no ve diferencia, tiene miedo, y sólo quiere agruparse detrás de un líder temerario. Pues eso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.