Frente a la tragedia
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Frente a la tragedia

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Frente a la tragedia

14/09/2020
Actualización 14/09/2020 - 11:57

El actual gobierno es una tragedia. Para el país y para ellos mismos. Ganaron abrumadoramente la elección ofreciendo resolver dos temas muy importantes para los votantes: inseguridad y corrupción. Los votantes creyeron en ellos, porque a su juicio las otras dos opciones, que ya habían gobernado, no eran capaces de resolver los problemas. No imaginaron que se trata de asuntos muy complicados, y nadie es capaz de resolverlos, sino a través de un proceso largo y difícil.

De forma que tampoco es cuestión de criticar al gobierno actual por no resolver algo que es irresoluble en el corto plazo. Lo que se les critica es haber ofrecido que podían hacerlo, y hasta el día de hoy no ser capaces de reconocer la dificultad de la tarea. No sólo eso, sino mentir acerca de lo que hoy ocurre, para con ello seguir ofreciendo un paraíso inalcanzable.

En el caso de la corrupción, el asunto es peor, porque insistieron en una honestidad que no tienen, como ha quedado ampliamente demostrado. Pero frente a la evidencia, la respuesta ha sido violenta: desde el púlpito mañanero, el presidente descalifica a todos sus críticos, ignora la información, insulta y se burla, y sus acólitos amplían los ataques al punto de exigir que sus adversarios abandonen el país. Para lo que sirva, esta columna se solidariza con todos los colegas atacados: Héctor, Enrique, Carlos, Víctor, Reforma y EL FINANCIERO, entre muchos otros que son golpeados consistentemente.

Es inadmisible el ataque al pensamiento de parte del gobierno. Pero ésa es su tragedia: resultaron tan absolutamente incapaces, que ven cómo se les derrumba el país y no tienen respuesta alguna. Lo único que les queda es seguir ofreciendo un paraíso por venir y seguir atacando a quienes piensan diferente. Si pudieran, serían totalitarios. No quieren un país plural y competitivo, sino súbditos dependientes. Lo dice el Presupuesto, lo dicen las mañaneras, lo grita todo cuanto hacen.

Hasta este momento, este gobierno no sólo no ha resuelto los problemas que ofreció resolver, sino que ha producido otros nuevos. Primero, la destrucción de la capacidad de gobierno, a través de la eliminación de órganos autónomos, reducción de salarios, despidos de personal, al extremo que hoy no es fácil desarrollar políticas públicas elementales. Segundo, como resultado de lo anterior, más el desprecio de López Obrador por la evidencia y el soberbio narcicismo de López-Gatell, más de 200 mil mexicanos han muerto de forma directa o indirecta por la pandemia. Eso es tres veces más que Estados Unidos, en proporción al tamaño de la población.

Tercero, este gobierno destruyó la economía que habíamos intentado erigir por más de un cuarto de siglo, sin ofrecer nada a cambio. Gracias a ello, y al pésimo manejo sanitario, el impacto de la pandemia ha sido mucho mayor (mañana lo documento).

En suma: no han logrado reducir las cifras de inseguridad, tienen el peor manejo de la pandemia a nivel mundial, han provocado una caída económica excesiva, han destruido la capacidad de la administración pública, regresaron a una política social clientelar y han dado demasiado poder al Ejército. Y todo esto coronado por flagrantes hechos de corrupción, de parte de la familia del Presidente, en el pueblo del Presidente, en el gobierno del Presidente.

No habíamos tenido un gobierno con esta incapacidad y ánimo destructivo en nuestra historia, con la posible salvedad de Antonio López de Santa Anna. Pero de poco sirve la evidencia, porque en su mente, López Obrador cree tener “el mejor gobierno en el peor momento”. Y quien crea lo contrario es un conservador que escribe en algún pasquín inmundo y debería irse a otro país. Bueno, pues no.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.