Hay acuerdo
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Hay acuerdo

COMPARTIR

···
menu-trigger

Hay acuerdo

20/01/2020
Actualización 20/01/2020 - 10:30

El jueves pasado, el Senado estadounidense aprobó el acuerdo comercial negociado entre México, Estados Unidos y Canadá, momentos antes de iniciar el juicio al presidente Trump. Falta aún la ratificación por parte del Legislativo canadiense, y un plazo de gracia para la entrada en vigor del T-MEC, por lo que se espera que para julio tengamos nuevas reglas en la relación económica de Norteamérica.

Es, sin duda, una buena noticia, considerando las alternativas. No lo es, comparando con los 25 años previos.

Como usted sabe, Donald J. Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos afirmando que el NAFTA era el peor acuerdo comercial de la historia de la humanidad, y que había que denunciarlo (es decir, retirarse de él). Puesto que una de sus primeras medidas en la Casa Blanca fue cancelar el TPP, el acuerdo más amplio negociado, sí había preocupación de que Estados Unidos pudiera salirse del NAFTA sin más. Eso hubiese sido una tragedia económica para todos, pero claramente para México en particular.

Bajo esa presión, el gobierno mexicano, todavía en la administración Peña Nieto, inició negociaciones para modificar el NAFTA. El equipo negociador mexicano, tal vez el mejor del mundo en esos temas, había ya participado en el TPP, e intentó rescatar lo más posible de ese gran acuerdo. Se logró bastante, pero Trump insistía en tener mayor protección para su industria automotriz, y para revivir la metalúrgica. En el camino, impuso aranceles al acero y aluminio argumentando seguridad nacional.

Con la elección de 2018, el equipo mexicano se hizo acompañar del representante de López Obrador, Jesús Seade, con amplia experiencia en economía internacional. Su objetivo era sacar adelante el T-MEC, pero al mismo tiempo eliminar el tema energético para México. Desde entonces era evidente que la reforma energética sería tirada a la basura, como ha ocurrido. A partir de diciembre de 2018, el equipo mexicano se redujo a una sola persona, el Dr. Seade, que mantuvo las negociaciones en la esperanza de que su cercanía con Robert Lighthizer, el encargado por Estados Unidos, ayudase al objetivo final.

Los ajustes finales al T-MEC, resultado de negociar ya no sólo con el gobierno de Estados Unidos, sino con los Representantes (de mayoría demócrata), lo han hecho un poco peor de lo que ya era. En espejo del NAFTA, que fue el primer acuerdo comercial de una época de libre comercio a nivel global, el T-MEC parece ser el primero de una ola proteccionista. Esto no es culpa de México, ni del equipo anterior ni del actual. Es responsabilidad directa de Trump, y de los republicanos, que no son ni sombra del partido que hace 30 años decidió impulsar un mundo abierto al comercio.

Por lo anterior, es claro que la aprobación del T-MEC es una buena noticia, y aleja el riesgo de una desinversión masiva en México, como hubiese ocurrido en el caso de una negociación fallida y la salida de Estados Unidos del NAFTA. Sin embargo, no es tan buena noticia en el sentido de que las nuevas reglas no fomentan más comercio, sino menos, por lo que deberíamos esperar un ritmo menor tanto en exportaciones como en inversión y producción.

Tal vez por ello, a diferencia de lo que pasó en 1993, no se percibe entusiasmo alguno alrededor del nuevo acuerdo. Insisto, esto no es culpa ni del gobierno anterior ni del actual, es producto del 'matón' que ocupa la Casa Blanca y los enanos que lo acompañan. Pero nos cuesta, y hay que considerarlo. No habrá tragedia, pero tampoco grandes oportunidades. Ni siquiera alrededor del conflicto entre Estados Unidos y China.

Avanzamos a un mundo más cerrado, y por ello más pobre y autoritario.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.