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Industria

12/06/2019
Actualización 12/06/2019 - 14:45

Como habíamos comentado hace unos días, el dato de actividad industrial sería positivo. No es magia, es que sabíamos ya que la producción de petróleo seguía cayendo al mismo ritmo que antes, pero la producción de autos había crecido. El primer dato explica casi por completo el comportamiento de la minería, y el segundo, considerando los sectores involucrados, más de un tercio de las manufacturas.

Utilizando datos desestacionalizados, para no incluir el efecto de Semana Santa, la producción industrial en abril, comparada con marzo, fue 1.5 por ciento mayor. Esto debido a que las manufacturas crecieron 0.6 por ciento, la electricidad, gas y agua 1.6 por ciento, y la construcción 2.2 por ciento. Sin embargo, si esa misma comparación se hace con abril de 2018, los datos ya no se ven tan bien: la producción industrial se contrajo -0.4 por ciento, y al interior, electricidad, gas y agua lo hizo en -1.6 por ciento, construcción en -1.5 por ciento, y manufacturas crece 3.1 por ciento. Minería ya sabe usted que es una desgracia, por la caída de producción de crudo.

Al interior de las manufacturas, la dinámica se concentra en pocos sectores: transporte, que crece más de 16 por ciento anual; equipo de cómputo y comunicaciones, al 10 por ciento; muebles, al 8 por ciento, y textiles (no prendas), al 4 por ciento. Lo demás crece poco o se contrae.

Algo curioso es que el nivel de la producción industrial en abril regresó al nivel que tenía en octubre pasado, que es un poco menor al nivel de octubre de 2017, y éste un poco menor que el promedio de 2016, e incluso de 2015. Dicho de otra forma, aunque abril resultó bueno, no nos alcanza para recuperar lo perdido desde octubre pasado. Si comparamos la producción industrial promedio de octubre a abril, con la que ocurrió entre noviembre de 2017 y octubre de 2018 (un año), nos encontramos con una contracción de -1.3 por ciento en el total, conformada por el desplome de la minería (que ya ni contamos), y contracción en electricidad, gas y agua de -1.1 por ciento, en construcción de -1.5 por ciento, y un muy ligero avance en manufacturas: 0.4 por ciento.

Si lo quiere ver de otra manera, a partir de octubre pasamos a un nivel inferior en la producción industrial. De movernos alrededor de 104.5 unidades en todo el año previo a esa fecha, a estar alrededor de 103.1 unidades a partir de octubre. Ciertamente, hay que considerar que el crecimiento de exportaciones manufactureras creció a menor ritmo desde noviembre, pero no se desplomó, de forma que la única explicación del cambio de rumbo que me sigue pareciendo lógica es la decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco. Por cierto, se anuncia que pronto será inundada la zona del NAIM, para que ahora sí haya lago y patos.

Para saber el comportamiento general de la economía hay que esperar dos semanas, a que se publique el IGAE. Con ese dato podremos evaluar mejor el mes de abril, y para entonces ya tendremos más datos de mayo. Por el momento, sabemos que la producción de vehículos ligeros cayó -1.5 por ciento en ese mes, y las ventas en -11 por ciento, lo que no augura mejores cifras para lo demás, pero ya veremos.

El elemento más importante, me parece, es lo que ocurra con construcción. En abril, con datos desestacionalizados, todos los componentes a su interior mejoran. Sin embargo, con datos originales, todos caen: trabajos especiales en 20 puntos, edificación en 10, comparado con julio de 2018. Recuerde que la construcción representa 60 por ciento de la inversión.

No queda más que seguir atentos a los datos. De momento, estamos estancados en un nivel inferior al que teníamos el año pasado. Y todo por la ocurrencia del aeropuerto. Berrinche, pues.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.