Irresponsables
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21/10/2019
Actualización 21/10/2019 - 11:51

El jueves pasado, los habitantes de Culiacán sufrieron directamente la irresponsabilidad del gobierno federal. No hay otra manera de calificar lo ocurrido. Tratar de detener al hijo del Chapo Guzmán en Culiacán, a mediodía, sin respaldo suficiente, sin labor de inteligencia, sin planeación, fue una acción estúpida e irresponsable.

Según la información con que contamos, que ha sido ofrecida a cuentagotas, ha cambiado y es insuficiente, la detención ocurrió antes de contar con una orden de aprehensión, que apareció poco después de los hechos. Sin ese apoyo legal indispensable, los miembros de las Fuerzas Armadas que detuvieron a Ovidio Guzmán no tenían manera de entregarlo a la fiscalía. Adicionalmente, fueron rodeados por partidarios del delincuente (es acusado en Estados Unidos), que además tomaron como rehenes a familiares de militares en la colonia en que viven.

Los habitantes de Culiacán afirman que el enfrentamiento que siguió al intento de detención fue muy superior a cualquiera ocurrido anteriormente. La ciudad se convirtió en escenario de guerra. En esas circunstancias, la decisión de devolver a Ovidio Guzmán fue correcta, aunque pueda parecer distinto. No se trataba de arriesgar una vida humana a cambio de una detención (ilegal) como dijo el Presidente. Se trataba de cientos o miles de vidas, puestas en peligro por un gobierno irresponsable. Había que evitar la catástrofe.

Queda por aclarar el origen de la irresponsabilidad. Hay indicios de que la acción fue solicitada por agencias estadounidenses, que aportaron algo de inteligencia. Las Fuerzas Armadas hicieron su parte. Ambos se desmarcaron del gobierno federal el fin de semana: los militares con un video transmitido por Ciro Gómez Leyva, el embajador estadounidense con un tuit.

El encargado de Seguridad es Alfonso Durazo. El operativo debió ser autorizado por él. Lo llevó a cabo mientras el Presidente volaba a Oaxaca, en vuelo comercial, como acostumbra. Si Durazo decidió hacerlo en ese momento, sin informar a su jefe, debe irse. Si López Obrador viajó sabiendo del operativo, el principal irresponsable es él. De hecho, lo es desde que decidió utilizar viajes comerciales, como parte de su eterna campaña populista, y hacer a un lado las herramientas que su puesto exige.

Sus seguidores han hecho un gran esfuerzo por salvar la cara del Presidente. Desde elevarlo a la categoría de “héroe” hasta promover mensajes de gobernadores a su favor, pasando por solicitar unidad en torno a él. Piden un comportamiento que jamás tuvieron en la oposición, ni han tenido en el poder. Baste mencionar la declaración de Polevnsky afirmando que nadie tiene derecho a opinar en contra. O al mismo Presidente, descalificando a Reforma en la mañanera del viernes.

Al respecto, creo que es necesario hacer un reconocimiento a los periodistas que se jugaron la vida en Culiacán el jueves pasado, así como a todos los que están enfrentando al poder desde la trinchera que tienen: las conferencias de prensa. Eso, y los reportajes de investigación, es lo que está sosteniendo lo poco que queda de democracia.

El grupo que llegó al poder acompañando a López Obrador es muy heterogéneo y sus integrantes provienen de muy diversas tradiciones, costumbres e ideologías. Sólo coinciden en su lealtad (sumisión) a López Obrador, y en su intención de no dejar jamás ese poder que han alcanzado. Hemos perdido casi todas las instituciones que podían impedirlo. Nos queda ese aroma a sociedad civil que surge del periodismo, o soluciones extremas, representadas en esos dos actores que se desmarcaron.

Tenemos un gobierno profundamente incapaz e irresponsable, pero también demostradamente autoritario. Es necesario reconocerlo para construir defensas y alternativas. No es lo que conocíamos, es otra cosa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.