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16/07/2020
Actualización 16/07/2020 - 12:43

Le propuse ayer el primer paso de la reconstrucción, permítame ahora ir a los detalles, que es lo complicado.

Primero, sería excelente que no tengamos que reinventar la democracia, sino que mantengamos el imperfecto sistema que desarrollamos durante el último cuarto de siglo. Dicho con más claridad: necesitamos que el INE siga funcionando como hasta hoy. En el futuro será bueno regresar a la trayectoria de liberalización iniciada en 1996 y no a la restrictiva impulsada desde 2007 por el grupo que hoy está en el poder. De hecho, la elección de 2021 podría (si nos da tiempo) facilitar el tránsito a la reconstrucción sin pasar por momentos demasiado complicados.

Segundo, hay que trabajar en serio en el tema de la justicia. Esto exige olvidarse de 'abrazos' y aplicarse a reglas y sistemas que funcionen. Con los defectos que usted quiera, la Policía Federal ha sido el mejor experimento reciente. Puede perfeccionarse con ideas como las que ha propuesto Alejandro Hope (agencia central, asignaciones locales, etcétera). La Guardia Nacional, que en los hechos son los militares cuidando la seguridad pública, es una pésima idea: para la sociedad y para el Ejército.

Procuración, administración e impartición de justicia requieren reingenierías que los abogados solos no podrán hacer jamás. Lo mismo aplica para 'readaptación'. No olvidemos que se trata de sistemas construidos desde el poder, para servirlo. Así se hicieron, y así siguen funcionado, aunque el poder pueda provenir ahora de otras fuentes, como el crimen organizado.

Tercero, educación, en donde nos ocurre algo parecido: nuestra primaria fue hecha para adoctrinar, no para educar. Necesitamos transformarla en un instrumento de cohesión social, que privilegie el aprendizaje de considerarnos todos iguales. No ser iguales, y aprobar todos, como ahora se hace, sino igualdad en la dignidad. Es aprender eso, y lenguajes (el propio, otro, el de las matemáticas, la plástica, la música, las computadoras) lo único importante en la primaria.

Cuarto, en salud, la idea del Seguro Popular era también muy superior a lo que ahora se intenta. A diferencia de la educación, en donde lo que hay que garantizar es el acceso en las primeras etapas, en salud es más importante garantizar la atención en las enfermedades catastróficas. Es de ahí de donde hay que partir para ir avanzando hacia la atención primaria, y no al revés. Lo era antes, con otro perfil epidemiológico.

En estos tres temas: justicia, educación y salud, se requiere mucho dinero, como ayer comentamos, y reingenierías de los sistemas, pero posiblemente lo más difícil sea romper con las ideas que se han fijado en la mente de quienes trabajan en ellos, o tienen una relación muy cercana. Fue eso lo que dificultó mucho los procesos de cambio de los últimos años: los viejos políticos que no querían Policía Federal, y la abandonaron; los maestros que no querían cambiar y evaluarse, y revirtieron la reforma; las instituciones de salud incapaces de aceptar el natural proceso de fusión al que el Seguro Popular las encaminaba.

Finalmente, la distribución de cargas, facultades y responsabilidades, que incluye fiscalidad, federalismo y el proceso de transición. Pero eso, la verdad, es menor si se logran acuerdos en los cuatro temas básicos: democracia, justicia, educación y salud.

No debemos olvidar que el proceso de transformación de estos 25 años fue generando un gran resentimiento, que alcanzó la cúspide con las reformas estructurales, y alimentó el apoyo al aventurerismo político que hoy gobierna. Hoy debe ser evidente que estos grupos que buscan su propio interés causan un gran daño a la sociedad. Atestiguamos el regreso abrupto del rentismo representado por los empresarios del capitalismo de compadrazgo, el sindicalismo de vividores, los funcionarios anquilosados. Ellos no fueron los derrotados en 2018, fueron los triunfadores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.