Nación en riesgo
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Nación en riesgo

31/03/2020
Actualización 31/03/2020 - 8:48

Es imposible no ser alarmista. Realmente México enfrenta uno de los peores momentos en toda la historia nacional. Aunque hay un golpe global debido a la pandemia, agravado por gobiernos populistas, es el deterioro doméstico lo que importa.

Como ilustró el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, en su colaboración de ayer en El Universal, el derrumbe económico precede a la pandemia. Trimestre a trimestre producimos menos, debido esencialmente a la destrucción de confianza. Por esa razón, y por perseguir proyectos absurdos, las finanzas públicas estaban en la ruina al cierre de 2019, y el Presupuesto para 2020 era ilusorio. No hay, ni nunca hubo, cientos de miles de millones de pesos de ahorros, ni hubo lucha contra la corrupción. Se trata de un conjunto de mentiras impulsadas por el enfermo que ocupa la silla presidencial.

López Obrador ganó la presidencia arropado por muchos líderes de opinión que convencieron a los votantes de que los problemas de México (corrupción e inseguridad) eran responsabilidad de los gobiernos recientes. Esos líderes: productores de televisión, conductores, moneros, columnistas, académicos y empresarios ansiosos, actores 'buena onda', nunca quisieron aceptar la evidencia contundente de que respaldaban a un enfermo de poder. Muchos de ellos, todavía hoy, se empecinan en defender lo indefendible.

En el momento en que se requería un mensaje a todos los mexicanos para enfrentar la pandemia, López Obrador, incumpliendo las recomendaciones de su gabinete, viajaba en vuelos comerciales, visitaba y saludaba en distintas ciudades del noroeste del país. Se rehusó a respetar las medidas de seguridad de las aerolíneas, protagonizó un spot en contra de la inversión privada en energía renovable y, en el colmo de la irresponsabilidad, fue a “revisar la construcción” de un camino rural entre Badiraguato y Guadalupe y Calvo, la cuna del narcotráfico en México.

En ese lugar, rodeado de camionetas de traficantes, departió con ellos e incluso fue a dar la mano a la madre del Chapo. Defendió ese gesto ayer lunes diciendo que se trata de una persona mayor, y por educación lo hizo y atendió su solicitud. Lo dice el mismo que rechazó recibir a los hermanos LeBarón o a Javier Sicilia.

En los 19 meses que llevamos desde la instalación de la actual Legislatura, controlada absolutamente por la coalición del Presidente, ha habido una guerra sin cuartel en contra de los empresarios, el debilitamiento constante de las instituciones, la defensa permanente de los criminales, y el rechazo absoluto al cumplimiento de la ley. Son acciones que buscan destruir la nación. No hay otra forma de verlo.

Es imposible tener un país exitoso sin Estado de derecho, sin instituciones sólidas y sin una economía de mercado. Si usted se dedica a destruir las tres cosas, a cambio de promover criminales y dependencia social de dádivas, está destruyendo al país. Eso hace López Obrador, en eso lo acompañan sus funcionarios y legisladores, y eso defienden los líderes de opinión que mencionaba. Todos hablarán de la corrupción que había, de la desigualdad, del 'pueblo', pero sus frases no tienen sentido. Basta pensar un poco para confirmarlo: con todos los defectos de gobiernos anteriores (que los hubo en abundancia), nunca habíamos enfrentado una situación como la actual, que nos pone en un riesgo que hace 150 años no veíamos.

La descalificación de las Fuerzas Armadas, acompañada de jugosos negocios para sus mandos; el respaldo a criminales, acompañado del desprecio a la ley; el enfrentamiento con los empresarios, acompañado de repartición de dádivas a quienes menos reflexionan; la promoción de proyectos y negocios para amigos, a cambio de escasez y miseria, especialmente en el área de salud, no pueden llevarnos sino al conflicto, al derrumbe, a la disolución.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.