Regresa Perón
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Regresa Perón

13/08/2019
Actualización 13/08/2019 - 14:42

Este domingo hubo elecciones primarias en Argentina, preliminares de las que ocurrirán en octubre, y definirán el nuevo gobierno de ese país. La fórmula Fernández (Alberto y Cristina, del mismo apellido) casi logró la mitad de los votos, por apenas 32 por ciento del actual presidente, Mauricio Macri, y su compañero de fórmula, Miguel Ángel Pichetto, viejo peronista con el que Macri esperaba quitarle fuerza a los Fernández. No le resultó, ni cerca.

El peronismo es la gran enfermedad argentina, y no parece tener cura. Ya alguna vez recordamos aquí la llegada al poder de Juan Domingo Perón, que inventó un partido político seis meses antes de las elecciones de 1946 y las ganó con 52 por ciento del voto. Se mantuvo nueve años en el gobierno, hasta que fue expulsado por los militares en 1955. Regresó ya muy viejo, nuevamente a la presidencia, en la que murió en 1974, sin cumplir siquiera un año en el poder.

Aunque Argentina se había convertido en un país rico durante la época del patrón oro (1870-1913), ya para la Segunda Guerra Mundial no lo era. Sin embargo, las políticas populistas de Perón le dieron la estocada final al país, que desde entonces ha sido la gran amenaza financiera de América Latina. Es cierto que a veces competimos, pero la ventaja que nos llevan es grande. Durante el siglo XX le quitaron 14 ceros a su moneda, después de varios episodios de muy alta inflación.

El último gobierno peronista fue el encabezado por Cristina Fernández y su esposo, Néstor Kirchner. En ese gobierno, acabaron con el Banco Central, la empresa petrolera, las pensiones, e incluso las mediciones económicas. Repudiaron el pago de deuda, y pusieron a Argentina fuera del mercado financiero global. Mauricio Macri ofreció resolver ese tremendo desorden, pero no lo hizo con el suficiente empuje y el peronismo se encargó de hacérselo imposible. Tal vez por eso, o por lo que sea, los argentinos parecen dispuestos a devolverle el poder a Cristina y a su fracción del peronismo.

La comunidad financiera internacional considera que eso es una mala idea. De inmediato, el peso argentino pasó de 45 a 53 por dólar (para referencia, estuvo a 1 por 1 en los años noventa, y a 3 por dólar a inicios de este siglo, es decir, hace apenas 15 años). Las acciones de empresas argentinas cayeron a ritmo de dos dígitos, la Bolsa de Buenos Aires cayó 30 por ciento. La turbulencia se desplazó por el continente, con lo que la Bolsa mexicana volvió a caer. Ahora está 20 por ciento por debajo del valor que tenía antes de cancelar el aeropuerto, es decir, en septiembre.

El efecto sobre el peso mexicano no fue tan grande, considerando que ya llevamos una semana con alrededor de 19.50 por dólar, debido a la decisión de China de soltar al yuan, en represalia por el anuncio de Trump de imponer un arancel a todos los productos del país asiático. En dos semanas entrará en vigor esa amenaza.

Finalmente hay una caída considerable en los rendimientos de bonos a largo plazo (10 años o más), que suele ser una señal anticipada de una recesión en los países desarrollados. Por lo mismo, el petróleo ha bajado de precio, ya que si hay recesión habrá menos demanda de crudo.

En menos palabras: el entorno económico internacional se oscurece. En ese entorno, cualquier decisión que incremente la incertidumbre es exagerada por los financieros. Cualquier asomo populista ahuyenta inversión, como lo demuestra el caso argentino. Cualquier economía que dependa del ánimo de una persona es un riesgo. Incluso Estados Unidos, donde las instituciones pueden limitar esos ánimos, es vulnerable a los berrinches de Trump. En países menos estructurados, el riesgo es mucho mayor, como lo vemos en los mercados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.