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Los límites del Estado

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Los límites del Estado

19/08/2020
Actualización 19/08/2020 - 16:03

“El principio rector [de] estas páginas, es [el] desarrollo humano en su más rica diversidad”: Wilhelm Von Humboldt(*), Los límites de la acción del Estado.

En Japón la policía investiga un robo de cualquier artículo, por pequeño que sea. Una bicicleta. Los delitos patrimoniales no son comunes; los hay, y de crimen organizado, pero el Estado japonés mantiene a sus mafias a raya. Japón es un país donde el castigo social al robo es importante. La familia del ladrón sufre ostracismo por generaciones. Quizá por eso, casi no hay robos. En todas partes hay una zona llamada wasuremono (cosas olvidadas) donde aparece cualquier cosa que se haya perdido.

El valor de la bicicleta no es el bien jurídico que vela un policía japonés cuando investiga la desaparición del aparato. Lo que ese policía está protegiendo es un orden, un tejido social, donde las cosas no se pierden ni nadie roba.

El Estado, por más grande que sea, tiene límites a su actuación. Hay un costo de oportunidad cada vez que ordena una obra u obliga a que se cumpla una ley.

Ejemplos. En México, las aduanas están bajo la autoridad del SAT, un diseño institucional para una economía cerrada y donde el Estado quería cobrar impuestos sobre el comercio exterior. Hoy en día, haría más sentido que nuestras aduanas estuvieran bajo el control de autoridades policiacas, que revisen que no entren armas y drogas. La recaudación de IVA y aranceles la podría hacer el SAT con revisiones aleatorias a los importadores.

El Ejército históricamente se ha distraído de la función de defensa nacional, y su esfuerzo tiene que concentrarse en destruir plantíos de narcóticos. Hoy distraemos a nuestros militares aún más, con tareas como construir aeropuertos o sucursales bancarias.

Nuestros legisladores se convirtieron en promotores de obra pública. No podemos comprobar la identidad ni el propósito de los fajos de billetes que vimos en manos de empleados del Senado, pero sí podemos comprobar el moche legislativo, partidas dadas a cada diputado para gastar a discreción.

El Estado también se distrae. Un Estado que renuncia a cuidar a sus ciudadanos en las libertades del liberalismo clásico del s. XIX, como el derecho a la vida, a la propiedad, acaba en distraerse en cosas que no son importantes. Será un Estado preocupado porque ciertos grupos sociales voten por cierto partido, un Estado que privilegia la política por encima de las políticas necesarias para que los ciudadanos alcancen su máximo potencial.

El Estado mexicano prefiere prohibir industrias que castigar criminales, prefiere controlar el crecimiento económico que estimularlo. Hoy el Estado está más preocupado por ser empresa del sector energético, que en ser gobierno.

La reactivación económica no está en un Pemex y CFE que tengan el mismo poder de mercado que antes. El valor para estas empresas no está en prohibir las inversiones privadas, desde las macroinversiones en sísmica y tecnología de extracción de petróleo, hasta las microinversiones de ciudadanos en sus techos para vender electricidad a los vecinos.

Hace unos días, el podcast de Freakonomics preguntó a Cristina Romer, experta en la Depresión Económica de 1929 y asesora de Obama, que qué se puede aprender de la crisis de 1929, y reactivar la economía. Romer contestó que prácticamente nada. Las causas de la crisis de 1929 fueron financieras y monetarias, las de 2020 son sanitarias. Si queremos reactivar la economía mexicana, en lugar de pensar en el sector energía en manos del Estado, debemos pensar en el sector salud. En opciones de tratamiento, mitigación, atención de complicaciones y eventual cura del Covid-19. En todos los bienes públicos que tenemos que poner en nuestras ciudades para que nuestra convivencia diaria no se convierta en un contagio. En cómo adaptar nuestra estructura productiva para estar juntos, pero separados. En la calidad de la educación de nuestros jóvenes y niños, de manera que privilegien el pensamiento científico (usar cubrebocas) por encima de la división política y el odio.

Invierta en bienes públicos para la salud, presidente. Para el sector energía, puede lograr los mismos resultados con inversiones privadas. Los sindicatos de Pemex y CFE no van a votar por usted, pero quizá logre separarlos del corporativismo populista y acercarlos a una nueva cultura de la innovación. Invierta en que todos nos desarrollemos plenamente.

* Hermano del célebre naturalista prusiano Alexander Von Humboldt.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.