Confusiones sobre el superávit de la Cuenta Corriente
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Confusiones sobre el superávit de la Cuenta Corriente

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Confusiones sobre el superávit de la Cuenta Corriente

28/08/2019

Durante el segundo trimestre de 2019, la cuenta corriente de México registró un superávit equivalente a 1.6 por ciento del PIB, lo cual contrasta con los déficits que, desde finales de los años ochenta del siglo pasado, ha tendido a exhibir este renglón

El gobierno y algunos comentaristas han destacado el mencionado dato como una señal favorable para la economía mexicana. Sin embargo, tal juicio refleja confusiones comunes sobre las transacciones internacionales.

Una fuente de equívoco parece provenir de la probable interpretación del término 'superávit' como si fuera un beneficio y 'déficit', un perjuicio. Tales inferencias son infundadas ya que, simplemente, superávit significa un saldo mayor a cero y déficit, uno menor a cero.

Otra causa de error parece emanar del componente central de la Cuenta Corriente, consistente en la diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes y servicios.

Al respecto, muchos perciben las ventas externas como un sinónimo de fortuna y las compras, como infortunio para la nación. Sin embargo, la realidad es la inversa. Las importaciones permiten incrementar la producción y el bienestar del consumidor, mientras que las exportaciones son un sacrificio para poder importar.

Con el fin de evitar estas y otras confusiones, conviene analizar la Cuenta Corriente desde tres ángulos complementarios.

El primero es contable y se basa en la definición de la Cuenta Corriente como la suma del balance de bienes y servicios más los ingresos (netos de egresos) de inversiones y remesas del exterior, en un periodo determinado.

Desde esta óptica, el superávit de la Cuenta Corriente durante el segundo trimestre fue reflejo, en gran medida, de un notable incremento en el superávit de mercancías no petroleras.

Cabe notar que este último saldo ha ido en aumento desde el cuarto trimestre de 2018, como resultado exclusivamente de la caída de las importaciones. La evolución reciente ha roto la asociación positiva que tradicionalmente han mostrado las importaciones con las exportaciones.

Durante los tres trimestres recientes, las ventas externas han aumentado, mientras que han descendido las compras de bienes en sus tres categorías: consumo, intermedios y de capital, siendo particularmente aguda la caída de estas últimas. En este lapso, se ha profundizado la desaceleración económica, lo que ha propiciado menos importaciones.

La segunda perspectiva se sustenta en el hecho de que, en cualquier tiempo, el PIB es igual a la demanda agregada (neta de importaciones). Ello permite replantear la Cuenta Corriente como el exceso del ahorro nacional sobre la inversión bruta interna. Así, una cuenta corriente superavitaria significa que los mexicanos invierten menos que lo que ahorran, y lo contrario, con una deficitaria.

En últimas fechas, la inversión se ha contraído significativamente, lo que apunta a que el reciente superávit de la Cuenta Corriente ha respondido, mayormente, a la falta de confianza de los empresarios para emprender nuevos proyectos.

El tercer enfoque parte también de la referida igualdad del PIB, la cual permite expresar, alternativamente, la Cuenta Corriente como el exceso del ingreso nacional sobre el gasto interno. De esta manera, un superávit de la Cuenta Corriente significa que los mexicanos gastan menos que su ingreso, y lo opuesto sucede con un déficit.

Las brechas entre ingreso y gasto abren la puerta a una restricción presupuestal semejante a la de los hogares: mientras que la única forma de gastar menos que el ingreso es ahorrando, la única forma de gastar más es pidiendo prestado.

Esta es la razón por la cual, salvo errores y omisiones, la Cuenta Corriente resulta necesariamente igual a la Cuenta Financiera de la Balanza de Pagos, definida como la adquisición neta de activos del exterior, incluyendo las reservas internacionales.

Así, una Cuenta Corriente superavitaria implica una Cuenta Financiera positiva, y una deficitaria, una negativa. En el primer caso, el país transfiere capitales al exterior, mientras que en el segundo los capta.

Es natural que las economías emergentes con niveles moderados de ahorro, bajo endeudamiento externo y oportunidades no explotadas de inversión, como México, exhiban déficits en su Cuenta Corriente, ya que ello implica atraer recursos externos para complementar los internos en el financiamiento del desarrollo.

En suma, el superávit de la Cuenta Corriente del país durante el segundo trimestre difícilmente puede interpretarse como un síntoma de fortaleza, ya que se deriva del decaimiento productivo y entraña, además, una transferencia de recursos al exterior.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.