La discrepancia de las expectativas de inflación
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La discrepancia de las expectativas de inflación

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La discrepancia de las expectativas de inflación

17/04/2019

Una característica notable de las previsiones de los analistas sobre la inflación a mediano y largo plazos es su persistencia a ubicarse por encima del objetivo del Banco de México. Esta discrepancia sólo puede eliminarse si Banxico no renuncia a honrar cabalmente su compromiso con la meta.

A partir de 2001, la política monetaria en México se ha conducido bajo un régimen de objetivos de inflación anual, medida según el INPC, los cuales descendieron cada año hasta situarse en 3 por ciento en 2003.

Desde entonces, esta referencia se ha mantenido como la meta permanente. Se trata de un objetivo puntual, en función del cual el Instituto Central debe guiar sus decisiones monetarias para procurar que la inflación se ubique, la mayor parte del tiempo, suficientemente cerca de esa tasa.

Consiste, asimismo, en una meta simétrica, en cuanto que admite posibles desviaciones alrededor de la misma. De hecho, con el fin de formalizar esa simetría y teniendo en cuenta que, como en cualquier nación, el proceso inflacionario puede verse afectado tanto por presiones al alza como o a la baja, Banxico estableció un intervalo de variabilidad de más y menos un punto porcentual en torno al 3 por ciento.

Debe advertirse que ese intervalo no constituye un objetivo ni un espacio de indiferencia, sino una forma práctica de centrar los esfuerzos hacia el cumplimento de la meta.

Ahora bien, el éxito de los esquemas de objetivos de inflación depende, en gran medida, de la credibilidad del compromiso anunciado, lo que puede interpretarse como la confianza de la sociedad en que la autoridad monetaria hará lo necesario para lograrlo.

De ahí que un reflejo incuestionable de esta credibilidad consista en que las expectativas de inflación por parte del público estén 'ancladas' en la meta. En términos generales, tal amarre se refiere a que la inflación esperada en horizontes distantes no sólo se ubique en el objetivo, sino que no se altere con choques que puedan afectar a la inflación en horizontes cercanos.

La estabilidad de las expectativas en la meta es esencial para la efectividad de la política monetaria, al apoyar el control de la inflación alrededor del objetivo, aún a pesar de posibles perturbaciones cuyo origen se encuentra fuera del ámbito del banco central.

Una peculiaridad de las expectativas de inflación de mediano y largo plazos en el país es que siempre han tendido a superar el objetivo del Banco de México. Esa desigualdad ha sido la regla, sin excepción, en los pronósticos de los analistas del sector privado.

Por ejemplo, de acuerdo con la encuesta mensual entre especialistas recabada por Banxico, la media de las previsiones de inflación para el horizonte de uno a cuatro años ha fluctuado entre 3.3 y 4.0 por ciento, con un promedio de 3.6 por ciento, y la de cinco a ocho años ha variado entre 3.3 y 3.7 por ciento, con un promedio de 3.5 por ciento.

Llama la atención que las referidas expectativas jamás hayan tocado, ni siquiera de forma transitoria, el objetivo oficial. Este continuo rebasamiento merece, por lo menos, los siguientes comentarios.

En primer lugar, la tarea de atar las expectativas de inflación a la meta no tiene por qué ser imposible. Una ilustración de este logro la ofrece Chile, donde por mucho tiempo la proyección media de inflación para dos años ha coincidido con el objetivo puntual de 3 por ciento de su Banco Central.

En segundo lugar, la discrepancia histórica entre las expectativas y la meta en México no significa que las primeras no estén ancladas. De hecho, las pruebas estadísticas revelan una relativamente baja sensibilidad de las previsiones de inflación de mediano y largo plazos respecto a la inflación actual o pasada, lo que confirma un anclaje, aunque en tasas superiores a la meta.

En tercer lugar, la brecha de las expectativas respeto al objetivo podría estar sugiriendo la percepción del público de que el intervalo de variabilidad es en sí mismo el objetivo y, por ende, su cumplimiento se satisfaría con una inflación no muy baja pero inferior a 4 por ciento.

Si este es el caso, tal vez la ambigüedad de objetivos esté resultando cara. En particular, la confusión de metas podría estar contribuyendo a explicar por qué, desde 2003, la inflación anual ha rebasado la cota superior de ese intervalo la mayor parte del tiempo, con un promedio de 4.2 por ciento y una desviación estándar de un punto porcentual.

La ausencia de anclaje de las expectativas de inflación en la meta y sus posibles consecuencias en la efectividad de la política monetaria subrayan la necesidad de perseverar en una postura que reafirme, sin lugar a dudas, el compromiso de Banxico con el objetivo permanente de 3 por ciento.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.