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Promoviendo el uso del efectivo

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Promoviendo el uso del efectivo

16/12/2020
Actualización 16/12/2020 - 10:54

Una peculiaridad del proyecto de reforma a la Ley del Banco de México, actualmente en la Cámara de Diputados, es el interés de promover el negocio bancario de cambio de monedas en efectivo y, por consiguiente, el uso de esta forma de pago en pesos.

La esencia de las modificaciones legislativas estriba en obligar al Banxico a aceptar los excedentes de moneda extranjera en efectivo de las instituciones de crédito si éstas consideran que no pueden repatriarlas.

El planteamiento busca que la autoridad monetaria actúe como una gran central de cambios en efectivo, bajo el supuesto de que puede incorporar las divisas así captadas a la reserva internacional.

Como ya lo ha expuesto en detalle el Banco de México, el proyecto referido genera daños severos para el Banco Central y la economía, entre los que destacan la violación a la autonomía de la propia institución y el traslado a ésta de riesgos operativos y de reputación, asociados a la posibilidad de recibir recursos de procedencia ilícita, susceptibles de poner en peligro sus activos y el ejercicio de sus funciones.

Dos aclaraciones al respecto son pertinentes. La primera es que la reforma pretende resolver un problema de una minoría de bancos en el negocio cambiario en efectivo. Al parecer, esas instituciones han enfrentado dificultades para trabajar con corresponsales del exterior, que ofrecen el servicio de recepción de divisas en efectivo de los bancos, porque, en opinión de aquéllos, no cumplen con algunos requerimientos establecidos con propósitos de control.

Claramente, no se trata de un problema generalizado del sistema bancario ni un fenómeno irremediable. La mayoría de las instituciones cuentan con relaciones estables de corresponsalía y, en principio, las pocas afectadas podrían aplicar programas de remediación para afianzar ese servicio.

Además, tanto el involucramiento en la actividad cambiaria en efectivo como la acumulación de excedentes de divisas obedecen a una decisión de los bancos, y no a una obligación. En particular, existe una amplia gama de prácticas, incluyendo intermediarios que procuran mantener un balance entre la compra y la venta de moneda extranjera.

Una segunda aclaración, tal vez más importante, es que los clientes potenciales del negocio de cambios en efectivo, a los que la reforma postula su intención de apoyar, no enfrentan un problema en la materia.

Específicamente, la exposición de motivos de la iniciativa subraya la necesidad de atender dos colectivos: los turistas y los migrantes que se internan en el país con moneda extranjera en efectivo.

Sin embargo, las transacciones de los viajeros internacionales se realizan, en su mayor parte, mediante pagos electrónicos, siendo el más común el uso generalizado de tarjetas de crédito. Asimismo, una elevada proporción de visitantes proviene de Estados Unidos y Europa, cuyas monedas suelen ser aceptadas ampliamente en los establecimientos de las zonas turísticas.

Por su parte, la proporción de remesas que llega al país en forma de efectivo es mínima, estimada en 0.67 por ciento durante 2020, y el resto se transmite de forma electrónica. Más aún, el referido porcentaje en efectivo no significa que los migrantes no lo puedan canjear por pesos.

En efecto, como cualquier residente de México, tanto los turistas como los migrantes pueden acudir a las sucursales bancarias y las casas de cambio para sustituir moneda extranjera por nacional, y viceversa. Si bien las cotizaciones y las comisiones varían entre instituciones y regiones, ello refleja las condiciones del mercado y no difiere de la experiencia de otras naciones, incluso de las desarrolladas.

Finalmente, llama la atención que el proyecto de reforma se enfoque a promover el mercado de cambios en efectivo y su consecuente uso en las transacciones. Si bien es completamente legítima la utilización de los billetes, su fomento como política pública parece fuera de contexto.

La tendencia mundial apunta al remplazo, cada vez mayor, del dinero físico por el 'digital', es decir, por operaciones electrónicas que, entre otras, abarcan las transferencias por internet y los pagos con tarjetas de crédito y débito en establecimientos físicos y comercio electrónico, así como las aplicaciones en teléfonos celulares.

Las ventajas relativas de los medios electrónicos son múltiples, incluyendo la eficiencia, la generación de información útil para el diseño de productos y servicios, y la bancarización. Es sorprendente que el proyecto de reforma ignore estas bondades y, en su lugar, se interese en ahondar el statu quo de un excesivo uso de efectivo y una ínfima inclusión financiera.

El autor es exsubgobernador del Banco de México y escritor del libro Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006) .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.