'Los pachecos no somos negocio, el negocio está en lo medicinal'
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'Los pachecos no somos negocio, el negocio está en lo medicinal'

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'Los pachecos no somos negocio, el negocio está en lo medicinal'

25/10/2019

Guillermo Nieto es la tercera generación de una familia próspera de Celaya, dedicada al campo. Suya era la gasolinera, la escuela, el cine, y, sin embargo, cada uno de sus miembros, empezando por el abuelo, se educó en Estados Unidos.

En un internado en Boston pasó Guillermo Nieto los seis años de la adolescencia, que corresponden a la secundaria y la preparatoria. Era un niño problema.  “Mi mamá me corrió de mi propia escuela, imagínate…”

En EU probó por primera vez la mariguana, en los tiempos en los que su consumo era criminalizado. Después se enredó en el consumo de drogas duras. Pasó dos temporadas en clínicas de rehabilitación. Entre ambas, entró a la Ibero, para estudiar comunicación, pero la dejó y volvió a León para darse, como sus parientes, al campo.

En el rancho familiar aprendió sobre la exportación de verduras, hasta que “unos canadienses, que llegaron atraídos por el clima y la mano de obra, me abrieron los ojos. Pensé que, si no podían con la lechuga, eventualmente no iban a poder con la mariguana, un producto natural de nuestro país, y que habría que ver cómo hacerle para exportarla porque algún día se iba a liberar”.

Ilustración de Ismael Angeles

Paso a paso, siguió el primer intento de legalización en California. “Estuve muy pendiente. Por ser un producto ilegal, la mariguana se mantenía chaparrita, pero crece muchísimo. Son plantas de cuatro a cinco metros, importantísmo porque en la agricultura todo es el rendimiento por hectárea. El caso es que la legalización no prosperó y yo tenía dos opciones: irme a la sierra de Michoacán a aprender de cultivos o irme a Colorado, el primer estado en el que la planta fue legalizada, para hacer mis pininos de acuerdo con lo que la ley permitía entonces”.

Antes de la legalización, Nieto se convirtió en un care taker, un modelo que permitía que una persona produjera mariguana para otras personas, siempre y cuando no obtuviera ningún beneficio económico. Es decir, podía cobrarles la tierra, el agua, el tiempo invertido en el cuidado de la planta, y hasta ahí. Las primeras cinco plantas que cuidó se multiplicaron hasta veinticinco y ya que cabalmente fue legal, hizo crecer mil quinientas. Y vendió el negocio. El mercado estaba saturándose y frente a la oferta que no dejaba de aumentar, el precio iba a caer sí o sí. “En ese momento dejé la mariguana recreativa para entrarle a la parte medicinal”.

Nieto sostiene que la mariguana medicinal es el futuro. Habla con entusiasmo de la decena de millones de consumidores de mariguana lúdica en el país, que son pocos frente a los cuarenta millones que toman diariamente algún medicamento o, en su defecto, algún remedio para el dolor crónico. “Los pachecos no somos negocio; el negocio está en lo industrial y en lo medicinal”.

“Te apuesto que, en los siguientes cinco años, vamos a estar creando carreras cannábicas dentro de las universidades. La Universidad de Chapingo va a desarrollar troncales cannábicas y la UNAM va a tener troncales médicas. Deberíamos hacerlo de una vez. La derrama económica e intelectual que eso le dejaría al país sería formidable”.

La vida del presidente de la Asociación de la Industria del Cannabis transcurre entre México y Colorado. Durante el invierno no puede sembrar allá, y entonces vuelve. Palpitante el tema de la legalización en la discusión pública, Nieto quiso involucrarse desde el sexenio anterior. “Fue muy frustrante porque no me pelaban. Es un crimen lo que hacen; si permites sólo la importación del producto, matas una economía que nace. Podríamos sacar a miles de la pobreza con esta industria”.

En 2017, la Cámara de Diputados autorizó el uso medicinal y científico de la mariguana mediante la aprobación de reformas a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal. A partir de entonces, Nieto intensificó los encuentros entre legisladores y la asociación, con el único objetivo de enterarlos. “No soy político. Mi chamba es informar a las personas que toman decisiones o que pueden ayudarnos a cambiar la opinión de las personas”.

Sigue: “Aquí hay muchos agricultores que ya conocen la planta, agricultores de temporal que están en Michoacán, en Guerrero, en Sinaloa y no podemos abandonarlos porque sí. Son miles de familias las que se dedican a la siembra de la mariguana que quedarán olvidadas porque dejamos morir el negocio. La legalización de Estados Unidos nos permite obtener productos de mayor calidad de allá. Además, las farmacéuticas no van a trabajar con ellos, van a arreglarse con los grandes agricultores que les puedan garantizar en su momento la certificación médica y las certificaciones agrícolas, ¿y qué va a ser de los pequeños agricultores, los vamos a dejar a su suerte?”

Frente a la más reciente propuesta de ley para regular la cannabis, en el mediano plazo, afirma Guillermo Nieto, su meta es crear un clúster cannábico en el sureste del país, “donde juntemos a las universidades, al Politécnico, a la UNAM, a las empresas, a las trasnacionales, a los mejores agricultores nacionales y empecemos a meterle a la investigación y al desarrollo. Ahora que el gobierno de López Obrador presentó el programa Sembrando Vidas, y habla de plantar un millón de hectáreas con árboles frutales en esa zona del país, nosotros sentimos que podemos beneficiar aún a más gente. Podríamos hacer la prueba con diez mil hectáreas y ver qué sucede, pero tendría que estar muy metido el gobierno, tendría que estar muy involucrada la Secretaría de Agricultura, tendrían que sumarse la Secretaría de Salud, la Secretaría de Economía, también Financiera Rural, la Cofepris. En esto tenemos que estar todos”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.