La reforma de las pensiones
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La reforma de las pensiones

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La reforma de las pensiones

27/07/2020
Actualización 27/07/2020 - 13:44

El autor es senador de la República .

La propuesta de reforma al sistema de pensiones de los trabajadores, anunciada la semana pasada en la conferencia mañanera del Presidente, es la primera de carácter progresivo después de por lo menos tres décadas.

Durante esos años se realizaron varias reformas regresivas —o contrarreformas— que tuvieron como resultados: 1) la individualización del ahorro de los trabajadores; 2) la mercantilización de las pensiones; 3) la reducción del monto de las pensiones; 4) la disminución del tiempo de disfrute del retiro; e incluso 5) la imposibilidad de contar con una pensión después del retiro. O sea, más desigualdad: fortalecimiento del capital financiero y debilitamiento del factor trabajo.

Como dice Enrique Valencia Lomelí, a lo largo de 25 años se privatizó el sistema de pensiones; pasando de uno público de beneficios definidos, solidario y de administración pública a uno privado de contribuciones definidas y cuentas individuales.

Inspirado en el modelo chileno implantado durante la dictadura de Pinochet, Pedro Aspe impulsó en México un proyecto que se materializó primero en el Sistema de Ahorro para Retiro en 1992. Se funda así un nuevo pilar privado adicional a los fondos públicos.

En 1997, con la nueva Ley del IMSS se crean cuentas individuales manejadas por Afore del sector financiero privado. Se pasa de un esquema de 500 semanas de cotización a 1250 semanas. Y de un esquema de beneficios definidos a un esquema de contribuciones definidas. Las pensiones dependían ahora de lo ahorrado por el trabajador.

En 2004 se reforma el Régimen de Jubilaciones y Pensiones de los empleados del IMSS. Los nuevos empleados podrán retirarse luego de 35 años de servicio y no de 27. Sus contribuciones pasarán de 3 a 10 por ciento del salario. Recibirán como pensión el 100 por ciento y no el 130 por ciento de su último pago mensual. Y ahorrarán en cuentas individuales.

En 2007 se realizó la reforma a la Ley de Pensiones del ISSSTE, para introducir los cambios que ya se habían hecho a las diversas normatividades del IMSS.

En 2015 se reforma el régimen de pensiones para nuevos empleados de Pemex. Habrá contribuciones definidas, cuentas individuales manejadas por una Afore y el retiro será a los 60 años de edad con 30 de servicio, en lugar de 55 y 25 años respectivamente.

Entre 2006 y 2013, la Comisión Federal de Electricidad, la banca de desarrollo, la Auditoría Superior de la Federación, el Banco de México y muchas universidades públicas sufrieron reformas similares.

Sin embargo, el nuevo sistema de pensiones de los trabajadores dio muestras de su fracaso muy pronto. El propio Santiago Levy, uno de sus impulsores, terminó reconociendo la inoperancia del mismo en su libro Buenas intenciones, malos resultados. En un periodo de 10 años, los trabajadores de bajos ingresos (con hasta tres salarios mínimos) sólo tuvieron empleo formal durante 49 por ciento de dicho lapso. Y sólo 16 por ciento tuvo un empleo formal permanente a lo largo de una década. Eso demostraba que era imposible cotizar mil 250 semanas en 24 años de vida laboral, como exigía la nueva legislación en materia de pensiones. ¡Para lograr dicha cotización, el trabajador tendría que estar activo laboralmente durante 53 años!

Hace unos días, el gobierno presentó una propuesta para reformar el sistema de pensiones de los trabajadores. No se modifica el carácter privado del ahorro. No desaparecen las Afore. No se reestatiza el sistema. Sin embargo, aumenta el monto de las pensiones en 40 por ciento. Los trabajadores no cotizarán a lo largo de mil 250 semanas, sino durante 750. El 82 por ciento de los mismos tendrá garantizada la pensión a los 60 años de edad. La aportación de los patrones aumentará de 5.15 a 13.875 por ciento del salario en ocho años. Las Afore reducirán las comisiones por manejo de cuenta y mejorarán los rendimientos del ahorro.

En efecto, es un paso —el primero en 30 años— hacia un Estado de bienestar en materia de pensiones de los trabajadores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.