Las 3 máximas de la disciplina en el quehacer profesional
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Las 3 máximas de la disciplina en el quehacer profesional

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Las 3 máximas de la disciplina en el quehacer profesional

26/08/2019
Actualización 26/08/2019 - 12:34

Siempre he admirado la fuerza de la voluntad humana. Ese impulso interno que lleva a mujeres y hombres con carácter y disciplina de método a vencer obstáculos, a sostener compromisos y, desde luego, a lograr propósitos en el tiempo.

Es fácil sostener tu voluntad cuando los vientos soplan en la dirección que quieres o cuando te la estás pasando bien en el desarrollo de los acontecimientos. Pero ¿qué la sostiene cuando el contexto es adverso o cuando el ánimo decae? ¿Qué impide que el esfuerzo resulte efímero a la primera desviación forzada de curso? La respuesta es la disciplina.

En su definición más simple, la disciplina es un conjunto de reglas o normas de comportamiento, que ofrecen orden y subordinación, y cuyo cumplimiento constante conducen a un cierto resultado.

Si bien hay grados diferentes de disciplina en cada individuo u organización, es posible resaltar tres máximas para quien pretende fortalecerla:

1) El compromiso inicia cuando la diversión se acaba.- La frase se la escuché hace varios años a la campeona de ‘Adventure Race World Series’ Robin Benincasa y no tiene desperdicio. Y es que la voluntad de hacer algo con disposición a cumplir una obligación contraída con terceros o contigo mismo no debe depender de que te la estés pasando super bien, sino de tu capacidad para llevar acciones con disciplina de método, aun cuando resulten contrarias a tus preferencias inmediatas en un momento dado.

2) La disciplina no suele ir de la mano con las ganas.- Es ingenuo pensar que todos, todo el tiempo, tenemos la disposición favorable para hacer algo, aun cuando se trate de nuestras preferencias y pasiones. El comportamiento disciplinado se beneficia de las ganas, pero se desconecta de éstas cuando brillan por su ausencia.

3) Una cosa son las buenas intenciones y otra los buenos resultados.- La conducta se ordena, se subordina a otros actos alternativos y se enfoca en un desempeño, primero regular, y luego óptimo para conducir el esfuerzo a un cierto resultado. Cuando se habla de disciplina, la buena intención no es suficiente. Es el resultado el que impera.

En el mundo de los negocios hay que tener mucho impulso interno para lograr una práctica profesional destacada o para sacar adelante una empresa funcional.

Con enorme disciplina, empresarios y directivos buscan darle a su organización un diseño competitivo que deje clientes satisfechos en mercados cambiantes y que produzca utilidades constantes, al tiempo que ofrece una plataforma de desarrollo para sus colaboradores y dueños.

Esos resultados controlados no suelen darse en el caos. Se producen en entornos gestionados intencionadamente en los que existe articulación productiva, disciplina procesal y ciertos grados de control.

¿Qué tanto valor tiene en tu círculo ser disciplinado? En la respuesta está mucho de lo que nutre eso que luego destacamos como una plausible fuerza de voluntad.

Dominan el tema, pero además lo explican perfecto. Quienes los conocen bien, así definen a los exfuncionarios Kenneth Smith y Juan Carlos Baker y al empresario Juan Gallardo Thurlow.

Los tres serán panelistas en el próximo evento: El T-MEC y su Proceso de Ratificación: Oportunidades y Desafíos para la Economía Mexicana, que organiza ese reconocido club ubicado en Bosques de las Lomas. Será un verdadero gusto moderar la conversación. ¡Ahí nos vemos!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.