Mauricio Jalife

Made in Mexico

El uso de las marcas de certificación ‘Hecho en México’ y ‘Made in Mexico’ es una buena noticia para retomar rumbos comerciales que se encontraban extraviados.

Una larga tradición ha acompañado el empleo del afamado sello “Hecho en México”, que no solo ha distinguido los productos elaborados en el país, sino que a nivel popular ha ingresado al vocabulario de uso cotidiano para una variedad de referencias simbólicas. Acuñado desde 1978, en diversos momentos ha sido objeto de promoción por algunos gobiernos que han identificado en su icónico “caballero águila” la bandera comercial que une los esfuerzos exportadores de nuestros fabricantes, así como el referente para dirigir la voluntad de los consumidores en apoyo a los productos nacionales.

En esa línea, el acuerdo que aparece publicado en el Diario Oficial del pasado 17 de febrero para el uso de las marcas de certificación “Hecho en México” y “Made in Mexico” es una buena noticia, que alinea algunas de las acciones iniciadas por este gobierno para retomar rumbos comerciales que se encontraban extraviados. Es un relanzamiento del sello con la novedad de responder, ahora, a la figura de la “marca de certificación”, de la que es titular la Secretaría de Economía.

Este solo hecho constituye toda una novedad, ya que se incrusta al sello y sus reglas de uso en este formato, que seguramente impulsará el conocimiento y uso de las marcas de certificación en el país, como herramienta ideal para informar a los consumidores que un determinado bien o servicio cumple ciertos criterios de calidad u origen. Es también una buena noticia que este gobierno retome iniciativas que pueden ser mejoradas, pero reconociendo que algo se hizo bien en el pasado.

Otra novedad interesante es la adición del sello en idioma inglés, que enfatiza su vocación internacional para designar a los productos exportados por nuestro país, así como el consejo consultivo que estará acompañando el proyecto, y que tiene confección incluyente para empresarios de diversos orígenes y sectores. Todas, sin duda, buenas ideas.

Otro elemento para destacar es el haber mantenido la imagen del “caballero águila” como ícono de la marca, no solo para aprovechar su posicionamiento histórico, sino que lanza un mensaje para posibilitar el uso de elementos de nuestro patrimonio cultural que se ha pretendido meter desde hace algunos años en un aparador inaccesible, en el que se “puede ver” pero “no tocar”. Esta decisión de conservarlo, esperemos, sea una renovada invitación para que las empresas utilicen las rutas legales existentes para emplear bajo autorización elementos de nuestros pueblos indígenas para beneficio de todas las partes.

Como siempre, el verdadero corolario para las buenas ideas es que su instrumentación y resultados sean tan buenos como se pretende, para lo que se requiere el esfuerzo de todos. Las empresas mexicanas que son convocadas a usar el sello, y los consumidores que ante su presencia puedan apoyar con su compra a quienes lo ostenten. Aunque sea solo un pequeño destello de luz, esta vez sí es un esfuerzo común y compartido.

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