Dejemos a Vela en paz
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Dejemos a Vela en paz

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Dejemos a Vela en paz

24/08/2019

Qué ganas de ser los arquitectos de la vida de Carlos Vela. Cuando estaba en Arsenal decíamos que era muy joven; en el Celta de Vigo que había decepcionado; sus ocho goles en Salamanca sirvieron de poco para confirmar su calidad, y los tres en Osasuna al año siguiente, peor aún. Volvió a Inglaterra con el discreto West Bromwich, en el que no llegó a diez partidos jugados. Entonces optó de nuevo por la Liga española y aterrizo con la Real Sociedad, equipo con el que confirmó las hipótesis establecidas en relación a su talento.

En el inter renunció a la Selección: lo buscaron y dijo que no, le rogaron y también dijo que no. Se perdió Juegos Olímpicos y Mundiales, y poco parecía importarle. Era mas nuestra indignación que su arrepentimiento.

Y luego cruzó el charco para jugar en la MLS donde de plano dijimos que venía a retirarse. De la noche a la mañana se volvió el mejor de la liga, así de claro y contundente: el mejor por encima de Rooney, Zlatan y el que me pongan.

Entonces manifestó de nueva cuenta dos cosas que a la gente le volvió a generar dolores de estómago: que le gusta más el basquetbol y que ya no quería jugar con el TRI… Indignación nacional… ¡PLOP!

Hoy que juega, que gusta, que gana, que enamora, que disfruta, que se divierte, que es figura, que hace goles y que parece gozar su trabajo más que en ningún otro tiempo, volvemos al insano y ficticio mundo del “hubiera”: “Imagínense si así jugara en Europa”, “imagínese si de verdad le gustara el futbol”; “imagínese si con este nivel decidiera jugar con el TRI”.

Y seguimos imaginando, pensando, proponiendo y diseñando su vida como si domináramos que es mejor para él, como si supiéramos todo en relación a sus gustos personales y su futuro.

Es Carlos Vela, el mismo de siempre, la diferencia radica en su felicidad y su plenitud como persona y futbolista.

Dejémoslo ahí, donde él se siente mejor.

¡He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.