¿Y así reclaman grandeza?
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¿Y así reclaman grandeza?

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¿Y así reclaman grandeza?

21/05/2019

Cuando juegas de esa manera con semejante plantel, el resultado debe ser siempre la herramienta de medición y, en este caso, el fracaso de Diego Alonso como entrenador del Monterrey es mayúsculo.

Lo es porque fue más el temor que la ambición, porque jugó a no perder el partido en lugar de buscar ganarlo. Porque renunció a la posibilidad de hacer un gol y obligar a su rival a hacer tres.

A pesar de no ser un especialista en administrar sus ventajas, el Monterrey de Alonso apostó nuevamente por cuidar mucho lo poco que tenía y volvió a fallar.

La eliminación es criticable en fondo y forma. Primero, porque ya son ocho años y medio sin corona en el circuito mexicano y no hay título de Concacaf que aminore el golpe. Pero duele más la forma: timorata, especulativa y medrosa con la que este equipo afronta los retos cuando tiene viento a favor.

Y si algunas victorias requieren de ciertas explicaciones, imagínese esta clase de derrotas con un equipo que cuando pudo, simple y sencillamente no quiso, y cuando quiso, está claro que ya no pudo.

La derrota será siempre compañera de la tristeza, pero el grado de este sentimiento puede diluirse dependiendo de cómo fuiste eliminado. América, por ejemplo, que independientemente de que sea o no un fracaso no estar en la final, deja la imagen de un equipo aguerrido que trata de sacar el mayor de los provechos de sus jugadores sin importar que atraviesen por una depresión futbolística; es decir, América se fue peleando, buscando, intentando y luchando… cayó como caen los grandes, no como Monterrey.

Dos clásicos que de regios no tuvieron nada. Dos equipos que reclaman grandeza sin jugar como tal más allá de que uno sea finalista y el otro vaya al Mundial de Clubes, porque dicha consideración no llega sólo con adornos en las vitrinas. No. La grandeza no viene sólo con dinero y trofeos: le acompañan victorias épicas, estilos de juego que logren colarse en la memoria muchas veces sin conquista de por medio.

La exigencia con los del Norte debería de ser otra, una directamente proporcional al valor de sus planteles. Por eso insisto en que lo mejor que le puede pasar a este torneo es que el León culmine la obra y anime un poco a que todos sean de su condición.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.