Verano: tiempo poco ordinario
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Verano: tiempo poco ordinario

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Verano: tiempo poco ordinario

05/08/2020
columnista
Glenda Castillo
Miscelánea de Arte y Cultura

En 2016 el famoso portal www.eltiempo.es realizó una encuesta para identificar la estación favorita de sus usuarios y visitantes, ganó el verano. Y cómo no preferirla si durante nuestra infancia y juventud era sinónimo de un largo receso de escuela y obligaciones, de ocio, paseos y aventuras, tanto que ya de grandes es inevitable no percibirlo y aprovecharlo como tiempo de descanso y diversión, de hecho, según encuestas de Expedia.com, los mexicanos preferimos tomar vacaciones durante dicha temporada.

Además, todo en el verano es vibrante, es periodo de calores intensos, la estación de los días largos y noches cortas, del paso cenital del sol en el centro y sur del país, de espectáculos naturales como el de las luciérnagas en los bosques o el de la bioluminiscencia en el mar, todo en él nos mueve en busca de los exteriores para refrescarnos y disfrutar.

Sumemos ahora nuestro pasado remoto, aquel en el que la humanidad asociaba los fenómenos naturales a la actividad de seres mitológicos, entonces contábamos el transcurso del tiempo a partir de la observación de los astros, se le organizó en días, meses, años y claro, temporadas que marcaban el ritmo del trabajo de la tierra y la fiesta. Había un tiempo de oscuridad y frío, lo que hoy llamamos otoño-invierno, y otro luminoso y cálido: primavera-verano, el primero era de resguardo y disfrute de lo cosechado; el segundo era de regocijo y trabajar la tierra. Cada cultura dividía de forma diferente el tiempo, por ejemplo, poco antes de nuestra era, en China se rigieron por el calendario Taichu que se dividía en 24 partes o momentos, pero todas observaron que la tierra era fértil en el segundo periodo y que la energía solar, junto con las lluvias, era imprescindible para ello, por lo que se veneró los días en los que el sol era más intenso con fiestas llenas de baile, comida y fuego.

Para los mexicas, la parte de ese periodo que hoy identificamos como verano, incluso guardaba cierta relación con lo celestial, el Tlalocan, reino de Tláloc, dios de la lluvia, era un sitio en el que siempre abundaba el cacao, la fruta, las verduras, las semillas y un sinfín de manjares; estaba lleno de ríos y manantiales, todo lucía verde y abundaba porque ahí siempre era verano. Quien sufría una muerte relacionada con el agua iba al Tlalocan, al igual que quienes padecieron algunas enfermedades incurables. En el Conjunto Tepantitla 1 del sitio arqueológico de Teotihuacan, está el gran mural Tlalocan o “Paraíso de Tláloc”, en el que todo esto se ha plasmado, ahí se observa gente que baila, nada, juega, canta y la pasa bien como en nuestras mejores vacaciones de verano. El confinamiento nos permite por ahora, solo imaginar nuestros propios paraísos veraniegos, recordar los pasados y recorrer virtualmente este mitológico: https://www.inah.gob.mx/paseos/sitioteotihuacan/

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.