'Confianza, un valor en vías de extinción'
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'Confianza, un valor en vías de extinción'

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'Confianza, un valor en vías de extinción'

30/01/2020
columnista
Alfonso Govela
Blockchain News

Nuestra percepción de la confianza es indudable, se tiene o no se tiene. La confianza impacta nuestro comportamiento, nuestras relaciones y nuestras transacciones. Un nivel alto de confianza promueve cooperación, un nivel bajo genera resistencia. La confianza es, a la vez, un indicador de éxito y uno de los ingredientes indispensables para alcanzarlo.

Sin embargo, hoy en día, la confianza parece un valor en vías de extinción. La OCDE (1) encuentra que tres de cada cuatro ciudadanos en América Latina tienen poca o ninguna confianza en sus gobiernos, un 80% cree que la corrupción se extiende a las instituciones públicas, y la desconfianza crece hasta poner en riesgo la cohesión misma de nuestro contrato social.

La confianza es difícil de construir y fácil de perder, vale mucho tenerla, pero también cuesta bastante mantenerla. Su costo depende de nuestros esfuerzos para generarla y defenderla, pero de manera especial depende del contexto en el que lo hacemos.

La reputación personal, el cumplimiento de contratos, las culturas corporativas y las instituciones del estado, son entornos para generar, o perder, confianza. Junto a ellas, siempre un poco fuera de reflectores, la humilde práctica de escribir registros en libros contribuye a edificar mejores entornos de veracidad y certidumbre colectiva.

Por eficacia, o por conveniencia, encomendamos a terceros la facultad de registrar y validar nuestras transacciones. Les permitimos centralizar sus funciones y nos fiamos que ejercieran su dominio sobre nuestros datos con una autoridad correcta. Aceptamos los “terceros en confianza” y les autorizamos a cobrar una sustantiva renta económica.

Ahora, en la era de Internet, cuando las redes mandan, los eficientes registros centrales tienen que defender ante los registros distribuidos la relevancia económica de sus costos y su resistencia a ataques fortuitos o malintencionados. ¿Es realmente más fácil centralizar la veracidad, pero más caro operarla ante un mercado en expansión? ¿Es difícil construir una confianza descentralizada? ¿Cómo concertar estrategias colectivas entre actores que no son todos confiables?

Recordemos la alegoría de los generales bizantinos que tenían que coordinar actores desconfiables. En esa historia un ejército asedia una ciudad y sus generales, desde distintas posiciones remotas, deben acordar cuando atacar o cuándo retirarse. Sólo pueden comunicarse por mensajes y saben que entre ellos hay generales leales y generales traidores. Todos los leales deben coincidir en un mismo plan de acción, y el pequeño número de traidores no debe empujarlos a adoptar un plan equivocado. ¿Cómo alcanzar el consenso? ¿Cómo aplicarlo para mantener un registro descentralizado de veracidad y certidumbre que les permita alcanzar su victoria?

Nakamoto resolvió por primera vez el problema de los generales bizantinos para redes de nodos iguales. Diseñó un mecanismo de costos e incentivos que conduce el comportamiento de los miembros de una red de manera que, por consenso, sólo puedan construir un registro distribuido e inmutable, pero sobre todo confiable, de las interacciones de su comunidad.

Este mecanismo de consenso es el corazón de la tecnología Blockchain, o DLT, la Tecnología de los Registros Distribuidos, por sus siglas en inglés. Los mecanismos de consenso son la gobernanza e institucionalidad de cada red, las reglas que determinan el balance de poder, establecen limitaciones, distribuyen beneficios, que sustentan su éxito y su capacidad para construir entornos de confianza colectiva.

Independientemente de su volatilidad especulativa, la red de Bitcoin es un ejemplo notable de coordinación descentralizada. En mayo pasado, a 11 años de su creación, sobrepasó los 100,000 nodos, con 18 millones de BTCs y tiene hoy una capitalización de mercado de 170 mil millones de dólares.

Recordemos, y quizá esta sea una asociación freudiana, que si bien la primera corporación central, la Compañía Británica de las Indias Orientales inició en 1600, sólo 60 años después las naves piratas del Caribe establecieron convenios escritos que daban poder a la tripulación y elección democrática de sus capitanes. Sus objetivos no eran éticamente defendibles, pero la eficacia de su gobernanza para conducir un comportamiento de estrecha unión grupal fue incuestionable.

Ahora que podemos descentralizar el consenso, incluir la gobernanza en organizaciones digitales distribuidas, que es posible construir y mantener registros confiables, dirijamos nuestros objetivos a mejores fines. ¡Construyamos entornos de confianza! ¡La confianza puede ser una estupenda línea de negocio!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.