Problemas viejos, soluciones urgentes
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Problemas viejos, soluciones urgentes

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Problemas viejos, soluciones urgentes

30/01/2020

El fenómeno de la migración se oficializó a partir de que los Estados-nación comenzaron a delinear sus fronteras como una manera de expansión y control social, es decir una nueva forma de ostentar el poder respecto a otros Estados-nación.

No obstante, la migración siempre ha existido desde que el Homo Sapiens comenzó su proceso de colonización y expansión al salir de África hace 70.000 años. A este proceso se le conoce como el inicio de la historia. A partir de entonces el ser humano no ha dejado de moverse alrededor del mundo.

Pero como ahora entendemos el proceso migratorio no ha pasado mucho tiempo. Con la formalización de los Estados-nación se comenzó a re formular el concepto de “poder”, cuya conformación se centran en la extensión territorial, población abundante, recursos naturales que les permita potenciar su crecimiento económico.

Después de la segunda guerra mundial, otros elementos se sumaron al empoderamiento de los Estados-nación, como la fuerza de los ejércitos, la capacidad de su arsenal nuclear y su desarrollo científico y tecnológico. Supuestamente, ese poder que aglutina un estado debe servir para el beneficio de la gente. No obstante, en pleno siglo XXI aún vivimos en un mundo desigual, pobre y violento.

El fenómeno de la migración no se puede visualizar bajo una sola perspectiva. Consta de múltiples matices que deberán asumirse para que desde una configuración regional o global se resuelva. Lamentablemente el tiempo nos gana la partida. Hoy día, los más vulnerables son las mujeres y los niños que buscan mejores condiciones de vida. En la actualidad el 48% de los migrantes son mujeres y más de 50 millones son niños.

Según la ONU en el mundo hay 258 millones de migrantes, es decir, 1 de cada 30 personas vive bajo esta condición. Afirma que la mayoría se mueven de manera segura y legal, y agrega que son un motor para el crecimiento económico y el emprendimiento. Tan sólo en 2017 enviaron 450 mil millones de dólares en remesas a países en desarrollo.

No obstante, existen flujos de migrantes que no logran establecerse en algún país. No sólo se vuelven apátridas sino que en muchas ocasiones se violan sus garantías individuales, caen en redes de prostitución forzada, o son obligados a engrosar las células del crimen organizado.

La ONU agrega que más de 60 mil migrantes han perdido la vida en viajes peligrosos desde el año 2000. A partir de estos factores se firmó el “Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular” en diciembre de 2018 en Marrakech, Marruecos. Este fue el primer acuerdo global con el objetivo de “aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados”.

México también suscribió este acuerdo, y aunque no es vinculante, establece medidas firmes para dignificar al migrante legal e ilegal. Se fijaron 23 objetivos acordes al respeto de los Derechos Humanos. Selecciono 6 a muestra de ejemplo para asimilar mejor los criterios qye se consideraron dentro de este pacto:

1.- “Facilitar la contratación equitativa y ética y salvaguardar las condiciones que garantizan el trabajo decente”; 2.-“reforzar la respuesta transnacional al tráfico ilícito de migrantes”; 3.- “eliminar todas las formas de discriminación y promover un discurso público con base empírica para modificar las percepciones de la migración”; 4.- “utilizar la detención de migrantes solo como último recurso y buscar otras alternativas”; 5.- “prevenir, combatir y erradicar la trata de personas en el contexto de la migración internacional”; 6.-“colaborar para facilitar el regreso y la readmisión en condiciones de seguridad y dignidad, así como la reintegración sostenible”

¿Nosotros lo estamos haciendo? Considero que aunque cada caso se podría discutir bajo múltiples aristas y debates enconados, hasta el momento el actual gobierno de México sí se ha apegado a estos preceptos, incluidos los otros 17 puntos del pacto, sobre todo cuando se tratan de migrantes que buscan establecerse en nuestro país.

Lamentablemente México tiene los tres ejes de movilidad que constituyen este problema: es decir, somos un país expulsor, de tránsito y receptor. Para combatir el primero, se tienen que disminuir las diferencias socioeconómicas, se debe terminar con la violencia proveniente del crimen organizado, combatir la corrupción en las instituciones del Estado y brindar oportunidades a los jóvenes a partir de educación de calidad. Hoy día aún estamos muy lejos de todos esos anhelos.

Por supuesto ser vecino de países tan asimétricos: por un lado el máximo receptor de migrantes en el mundo, Estados Unidos, y por el otro, de una de las zonas del planeta más problemáticas, Centro América. México está en medio y obligado a asumir los deseos de los migrantes del sur de nuestra frontera y caprichos y amenazas del gobierno del norte.

De esta forma, para combatir o regular la migración, se requiere transitar del diálogo político-electoral a las acciones coordinadas y funcionales. Pero mientras cada nación no asuma sus propias responsabilidades será insuficiente echar culpas a los países de tránsito y de destino. Ante esta encrucijada, México debe dilucidar cada decisión antes de emprender una acción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.