Candil de la calle
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Candil de la calle

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Candil de la calle

08/08/2019

El gobierno de México destinará cada año cien millones de dólares a programas productivos en Centroamérica para frenar la migración.

Aquí en México las empresas despiden trabajadores a raudales porque la economía está parada y el sector público no invierte y recorta personal que se va literalmente a la calle, sin sueldo y sin expectativas.

¿No que la mejor política exterior era la interior?

El gobierno se tropieza con sus palabras porque su accionar es una constante producción de ocurrencias que buscan tapar hoyos que él mismo va haciendo.

¿Cuál es la razón por la cual se van a dar cien millones de dólares al año a países centroamericanos?

Dice el gobierno que con eso se va a frenar la migración hacia Estados Unidos.

Primero, no es verdad que si en algunos países de América Central un sector de la población siembra arbolitos con el dinero que manda México se vaya a acabar, o atenuar, el fenómeno migratorio.

Hacer esas cuentas es demagogia que ni un niño la cree.

Sirve, tal vez, para adornar algún discurso en un foro internacional.

Candil de la calle y obscuridad de la casa, se le llama a esa política.

Si en verdad existiera un programa hecho por los centroamericanos para su desarrollo, como infraestructura, por ejemplo, sería sensato discutir la ayuda.

Lo de los arbolitos es una ocurrencia para el discurso, nada más.

Estados Unidos necesita frenar la migración centroamericana hacia su territorio, y no pone dinero para desarrollo en esos países. Al contrario, recortaron la ayuda.

¿Y a santo de qué va México a dar cien millones de dólares anuales para que hondureños y salvadoreños no vayan a… Estados Unidos?

El plan es una insensatez. No nos corresponde a nosotros.

Sí sería útil hacerlo en una acción concertada con Estados Unidos y Canadá y otras naciones, para programas diseñados por los centroamericanos según sus necesidades.

La ocurrencia surgida desde el Palacio Nacional de México –los arbolitos– no tiene pies ni cabeza.

Vamos a tirar el dinero para el lucimiento efímero (y muy chiquito) de nuestro gobierno afuera del país.

Mientras eso ocurre, en México se anuncia el cierre del programa Prospera, porque se le considera inútil o caro o las dos cosas.

La encuesta de El Financiero publicada el lunes señala que el 64 por ciento de la población reprueba la cancelación de Prospera.

Sin embargo, el gobierno, infatigable en su ímpetu destructor, dice que ese programa va para abajo digan lo que digan.

Dinero para América Central, y aquí tenemos un subejercicio presupuestal de 174 mil 484 millones de pesos, la mayor parte en salud y educación.

Va dinero a El Salvador y Honduras para que no se vaya gente de esos países a Estados Unidos, mientras en México el gobierno no completa para terminar el año y debe echar mano de 120 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP) que formaron los gobiernos pasados para hacer frente a situaciones de emergencia.

Candil de la calle y obscuridad de la casa es el actual gobierno.

De manera inexplicable para un gobierno de izquierda, anunciaron el cierre del Seguro Popular –un esfuerzo transexenal y que distintos partidos en el poder dieron continuidad–, que es la única manera que tienen millones de mexicanos de acceder a la salud.

Antes del Seguro Popular, siete de cada diez niños con cáncer morían.

Con el modelo seguido en los gobiernos pasados, se le dio la vuelta a esa cifra funesta: siete de cada diez niños con cáncer sobreviven.

Sin el Seguro Popular, 30 por ciento de los niños con leucemia abandonaban el tratamiento.

Con el Seguro Popular, sólo el tres por ciento lo abandonan.

Antes del Seguro Popular, 30 por ciento de las mujeres con cáncer de mama abandonaban el tratamiento.

Con el Seguro Popular, sólo el uno por ciento de las mujeres lo dejan. (Cifras dadas a conocer por el exsecretario de Salud Julio Frenk, actual rector de la Universidad de Miami).

Y ayer el Presidente, en su respuesta a los eminentes exsecretarios de Salud que le pidieron no cometer el error de cerrar el Seguro Popular, les contestó que no, que se cerraba, que “estábamos mejor antes del Seguro Popular, porque no es seguro ni es popular”.

Pura demagogia y juegos de palabras en un asunto muy delicado y serio.

A Centroamérica, cien millones de dólares cada año para que planten arbolitos y ya no vayan a Estados Unidos.

En México, que sigan los recortes, los “ahorros”, los despidos, el subejercicio del gasto, la utilización de fondos de emergencia para terminar el año porque se les cayó la economía y con ella la recaudación.

En lo dicho: no tienen remedio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.