Culpar al pasado y morderse la lengua
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Culpar al pasado y morderse la lengua

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Culpar al pasado y morderse la lengua

07/08/2019

El gobierno va a tener que cuidarse un poco a la hora de culpar al pasado de los males el presente, porque se puede morder la lengua.

Las cifras dadas a conocer en estos días nos dicen que ese pasado que con singular arrogancia desprecian, salvará al primer año de López Obrador.

Informó el gobierno federal que utilizará 120 mil millones de pesos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP), para compensar la menor recaudación que habrá este año.

Lo anterior significa que al gobierno del presidente López Obrador no le alcanza el dinero para terminar el año.

El crecimiento prometido no llegó, la economía se encuentra estancada, y por tanto no recaudan para completar 2019.

Ahí está la razón de que echan mano de un fondo creado para emergencias, y que con esfuerzos los sucesivos gobiernos del “pasado”, desde 2000 a 2018, fueron llenando.

El FEIP fue creado como previsión a un choque mayúsculo a nivel internacional, como que Estados Unidos dejara de crecer y cayeran dramáticamente nuestras exportaciones.

O que se presentara una crisis petrolera mundial.

Ahora resulta que nos hemos quedado desnudos para hacer frente a una crisis que tarde o temprano se va a dar en Estados Unidos o en el resto del mundo, porque ya tomamos el 41 por ciento de ese fondo.

El gobierno está usando los recursos del FEIP para tapar los huecos que su política interna va dejando, como fue la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y echar para atrás la Reforma Energética, con el daño que se hace al sector gas y petrolero.

Las malas decisiones de política interna tiraron la confianza de los inversionistas y el país no crece, y la consecuencia inmediata es que se les cayó la recaudación.

En caída libre va la inversión productiva (-6.9 por ciento).

Caen las cementeras. Caen las siderúrgicas. Caen las constructoras.

Así es que el gobierno se encuentra en la encrucijada de que no tiene dinero para cerrar el año, por lo que echa mano de los recursos que sus antecesores dejaron para enfrentar un shock proveniente del exterior.

Seguirán culpando al pasado, porque como propaganda rinde frutos, pero el hecho concreto es que no tienen dinero para cerrar el presupuesto a diciembre por sus malas decisiones.

Y quien los salva, en esta ocasión, es el “pasado desastroso” que dejó el país hecho “un tiradero”.

Subrayo “en esta ocasión”, porque no sabemos qué harán cuando no tengan dinero para reactivar la economía, como han prometido, ni para el plan de negocios de Pemex. ¿Otra vez echarán mano del FEIP? ¿Y luego? Ya no va a haber.

Y a propósito del pasado que dejó al país “en la ruina”, son interesantes las cifras que dio a conocer este lunes el Coneval.

La “ruina” en que dejó el país Enrique Peña Nieto no parece ser tanta, pues se logró bajar la pobreza que golpeaba al 45.5 por ciento de la población al inicio de su sexenio, a 41.9 por ciento al terminar.

Con todos los defectos que se le quieran colgar a ese presidente, dice Coneval que en su sexenio dos millones 200 mil personas abandonaron la pobreza extrema, que disminuyó de 9.8 por ciento de la población al iniciar su mandato, a 7.4 por ciento al concluir.

Al arranque del gobierno de Peña 25.3 millones de personas no tenían acceso a la salud, y al finalizar esa cifra había descendido a 20.2 millones. Es decir, 5.1 millones menos.

Así es que a la hora de culpar al pasado, el Presidente debe confiar en la desinformación de la gente y atacar con aplomo, para que no se note que no dice la verdad.

Porque lo cierto es que para poder terminar el año echa mano de fondos que, sólo para casos de emergencia, dejaron los presidentes Fox, Calderón y Peña.

Y a pesar del insuficiente crecimiento económico en el gobierno anterior, se sacó de la pobreza a millones de mexicanos.

Ahora, sin crecimiento, va a ser difícil que el presidente López Obrador logre igualar a sus odiados antecesores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.