El Danubio. Claudio Magris
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El Danubio. Claudio Magris

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El Danubio. Claudio Magris

30/12/2019

Filosofía, historia, geografía, reportaje… de todo eso y más hay en El Danubio, de Claudio Magris, editado por Anagrama, uno de los libros que más me gustó en 2019. Aquí van algunos párrafos, fragmentos, frases que nacen junto al gran río de Europa. Valen la pena.

“Desde la Canción de los Nibelungos, Rin y Danubio se enfrentan y se desafían. El Rin es Sigfrido, la virtud y la pureza germánica, la fidelidad nibelunga, el heroísmo caballeresco y el impávido amor del alma alemana. …”

En cambio, “Danubio es la Panonia, el reino de Atila, la marea oriental y asiática que al final de la Canción de los Nibelungos trastoca el valor germánico; cuando lo vadean los burgundios para encaminarse a la desleal corte huna, su destino –un destino alemán– está marcado”.

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“El Danubio está envuelto en un halo simbólico antialemán; es el río a lo largo del cual se encuentran, se cruzan y se mezclan gentes diversas, en lugar de ser, como el Rin, un místico guardián de la pureza de la estirpe. Es el río de Viena, de Bratislava, de Budapest, de Belgrado, de la Dacia”.

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“La vida, decía Kierkegaard, sólo puede entenderse mirando hacia atrás, aunque debe ser vivida mirando hacia adelante –o sea, hacia algo que no existe”.

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“Tal vez por esta razón un poeta judío como Celan, desgarrado por el exterminio nazi y por el desierto del mundo que eso provocó, pudo encontrar al sendero que llevaba a la cabaña de Heidegger, subir a esa cabaña y encontrar en un diálogo real al antiguo rector de la Universidad de Friburgo, que en 1934 había puesto, aunque fuera sólo por un instante, la filosofía al servicio del nuevo Reich”.

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“El Mesías llegará para los silenciosos, no para los atletas de la vida; para el ‘povareto’ Virgilio Giotti, cuya poesía resplandece modesta e incorruptible entre el amor por su mujer y sus hijos y su empleo en el ayuntamiento, no para el pomposo Pablo Neruda que titula a sus memorias Confieso que he vivido”.

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“Eran jóvenes, no querían morir y les disgustaba alejarse del encanto de los días hermosos, como dijo tranquila Sophia el día de la ejecución, pero sabían que la vida no era el valor supremo y que resulta agradable y placentera cuando se pone al servicio de algo que es más que ella y la ilumina y calienta como un sol”.

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“También en la plaza del Ayuntamiento de Ulm se desarrolló otra escena de teatro alegórico de la intimidad alemana. El 18 de octubre de 1944 se celebraban, en presencia de Von Rundsted, los funerales de Estado del mariscal Rommel. La multitud ignorante le daba el último saludo creyéndole a consecuencia de una herida en defensa del Reich, mientras que, implicado en la conspiración del 20 de julio y habiéndosele ofrecido la alternativa entre el proceso y el suicidio, se había envenenado…

“Von Shauffenberg estaba lacerado por la escisión alemana de la fidelidad a la patria y la fidelidad a la humanidad…”

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“Cerca de la alcaldía de Elchingen, a pocos kilómetros de la ciudad, se halla el lugar en que se produjo el 19 de octubre de 1805, la capitulación de Ulm, la rendición del general austriaco Mack –el infeliz Mack, del que habla Tolstoi en Guerra y Paz- ante Napoleón…”

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“El imperio danubiano encarna por excelencia ese mundo de tradición, y Napoleón que vence a los austriacos en Ulm y entra en Viena, encarna la modernidad…”. “…En su novela los cien días, Joseph Roth recuperará el viejo rumor sobre la eiaculatio praecox del emperador (Napoleón)”.

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“En Ulm (cuyo hijo más ilustre es Albert Einstein), según la tradición se conservaba en el siglo XVII el zapato de Avasbero, el judío errante…”

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“En Günzbeirg, en esta pequeña ciudad que fue llamada la pequeña Viena durante el periodo de los Habsburgo, la población rindió homenaje, el 28 de abril de 1770, a María Antonieta, que se dirigía con su cortejo nupcial de trescientos setenta caballos y cincuenta y siete carrozas, a su matrimonio con Luis XVI y, más adelante, a su cita con la guillotina”.

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“Los grandes soberanos germánicos –de Odón el Grande a Enrique IV o a Federico Barbarroja, de la dinastía sajónica a la sálica o a la suaba– habían concebido, y en parte realizado, una fuerte monarquía alemana, un Estado concreto unitario y no se habían dejado llevar por quiméricos sueños de dominio del mundo…”.

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“Cuando talaban un árbol, los leñadores bávaros se quitaban un instante la gorra y le rogaban a Dios que les concediera el último reposo. Existe una religiosidad de la madera, su florecer y envejecer hacen que se sienta al árbol como un hermano”.

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Viena, el Café Central: “…ahí se sentaba también Bronstein, alias Trotski, tan menudo que un ministro austriaco, informado por los servicios secretos de los preparativos revolucionarios en Rusia, había contestado, según la famosa anécdota: ¿y quién va a hacer esa revolución en Rusia? ¿No será ese tal señor Bronstein, que se pasa el día entero en el Café Central?”…

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“Cuando estaba él iba poca gente, ahora va todo el mundo, dice el taxista que me lleva a la casa y al estudio de Freud (Berggasse 19”…

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“Los herederos de Freud no son los vaporosos ideólogos que utilizan con espectacularidad el psicoanálisis como un cliché, sino los terapeutas que, con paciencia, ayudan a alguien a vivir un poco mejor. Ese modesto y tranquilizador maletín de piel me hace pensar en todos aquellos a quienes debo la escasa seguridad que poseo, la mínima y necesaria capacidad de convivir con mis oscuridades”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.