El objetivo es controlar la Corte, a como dé lugar
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El objetivo es controlar la Corte, a como dé lugar

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El objetivo es controlar la Corte, a como dé lugar

09/10/2019
Actualización 09/10/2019 - 9:28

El Presidente se lavó las manos en el caso Medina Mora con una coartada imposible de digerir: “yo no di instrucciones de que se le acosara para que renunciara”, dijo el lunes.

Todos sabemos que un Presidente no necesita dar órdenes expresas para que actúen sus pretorianos. Basta con expresar públicamente su animadversión hacia alguien.

De Medina Mora, López Obrador ha dicho que es “un delincuente peligrosísimo”.

Que “el nombramiento que hizo el presidente pelele para que este señor sea procurador general de la República es un insulto para todos los mexicanos”.

Lo acusó de estar detrás de los videoescándalos y de la “represión” en San Salvador Atenco.

Cuando llegó a la Corte, AMLO dijo que fue impuesto por “la mafia del poder”.

Son señales suficientes para que sus operadores más exaltados, ahora en el gobierno, sepan a quién tienen que acosar y perseguir. Especialmente cuando el objetivo es controlar la Corte.

Si Medina Mora cometió delitos, que sea juzgado y, en su caso, castigado. Hasta ahora no sabemos si las acusaciones tienen sustento o no.

Y al margen del proceso hay un linchamiento de Estado hacia él, que busca intimidar a los ministros aborrecidos por el Presidente.

La prensa del régimen se abalanzó como jauría contra el ministro en desgracia. Hasta de trata de personas lo acusaron, a ocho columnas.

El Ejecutivo federal fue el promotor del linchamiento.

Necesitan linchar para intimidar. E intimidar para controlar.

Diversas fuentes indican que ya han presionado a otro ministro. Que lo investigan por “malversación” y acosan a su familia.

¿También lo van a tirar?

Ese ministro, ¿votará a conciencia en lo sucesivo, después de haber visto el hacha con la sangre de Medina Mora?

Se trata de un linchamiento de Estado por los pronunciamientos públicos del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto.

El funcionario acusó a Medina Mora, en declaraciones a la prensa, de haber protegido a grupos delictivos al desbloquear sus cuentas por dos mil millones de pesos.

“Son recursos que se le habían congelado a grupos delincuenciales, trata de personas, narcotráfico, corrupción, y en virtud del criterio del exministro Medina Mora, este dinero fue descongelado”, dijo el funcionario en Tijuana.

Fue más allá: “no me gusta su jurisprudencia, que cercenó buena parte de las atribuciones de la UIF, y mucho menos el porqué de esa jurisprudencia”.

Omitió decir el funcionario que en favor del dictamen propuesto por Medina Mora votaron todos los ministros que integran la Segunda Sala de la Corte, sin objeción alguna, el 22 de mayo de este año.

Es decir, Santiago Nieto, miembro del Ejecutivo y acusador de Medina Mora, se disgustó con un proyecto del ministro y arrancó el linchamiento contra éste: corrupción, narcotráfico, trata…

¿Y dónde está el presidente de la Suprema Corte para recordarle al integrante del Poder Ejecutivo que las resoluciones son independientes y los juzgadores no pueden ser linchados por ello?

Pues el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, estuvo muy ocupado en Twitter durante el fin de semana tratando de convencernos de una obviedad: que el Poder Judicial no es un partido de oposición.

De las acusaciones del integrante del Ejecutivo contra el fallo del ministro Medina Mora, avalado por la unanimidad de sus colegas, ni una palabra.

Ni una palabra para frenar el linchamiento mediático azuzado desde el Poder Ejecutivo contra uno de sus ministros, sin que sea declarado culpable.

El lopezobradorismo beligerante de Arturo Zaldívar puede llevar a la Corte a subordinarse al Ejecutivo. Necesita serenarse y ubicarse en su papel.

Si toman la Corte, adiós a la división de poderes y los tres, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, estarán en manos de un solo hombre: López Obrador.

El viejo régimen habrá sido plenamente restaurado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.