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El populista de derecha que no soltará el poder

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El populista de derecha que no soltará el poder

28/09/2020
Actualización 28/09/2020 - 8:55

Si pierde, Donald Trump no entregará el poder. Tendrán que quitárselo, con todos los riesgos de ingobernabilidad que ello implica.

Eso les pasa a los estadounidenses por haber bebido la cicuta del populismo.

Populismo de derecha, que es igual de nocivo al de izquierda: están gobernados por la megalomanía y la locura. Esa es la razón por la que se echan flores entre ellos.

Por primera vez en más de dos siglos, este país, el más poderoso del mundo, se enfrenta a una situación inédita: el presidente dice que si pierde las elecciones podría no reconocer los resultados, pues sería “una estafa”.

El prestigiado articulista del diario The New York Times, Frank Bruni, escribió el viernes que “los republicanos están organizando a decenas de miles de voluntarios en lugares de votación en estados clave, aparentemente para protegerse contra el fraude, pero de manera efectiva para crear un clima de amenaza”.

La conclusión del analista del Times no es para tomarse a broma: “Este país está al borde de ser ingobernable”.

Donald Trump se lo dijo a sus seguidores en Carolina del Norte: “sean observadores de las urnas cuando vayan allí. Observen todos los robos, robos y robos que hagan”.

Nada nuevo bajo el sol, salvo en el de Estados Unidos.

Aquí empiezan a ver que así es un populista en cualquier parte del mundo, de izquierda o de derecha: dividen a la sociedad, sólo aceptan los resultados cuando les favorecen, y si pierden no admiten la derrota.

Para ellos resulta inconcebible, en su narcisismo infinito, que los votantes prefieran a otro que no sea él.

Las instituciones estadounidenses son fuertes, y reaccionaron ante la amenaza de ruptura del orden constitucional.

Mitch McConnell, líder del Senado, republicano, salió a tranquilizar el ánimo: “El ganador de las elecciones del 3 de noviembre será investido el 20 de enero”, dijo y estableció un compromiso que molestó a Trump: “Habrá una transición ordenada, tal como la ha habido cada cuatro años, desde 1792”.

El presidente replicó que sólo aceptaría una derrota si hay elecciones limpias, lo que no parece ser el caso, según él.

La líder de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, confirmó la postura del Congreso: “No está en Corea del Norte; no está en Turquía; usted no está en Rusia señor presidente, y por cierto, no está en Arabia Saudita. Está en los Estados Unidos de América. Es una democracia, entonces ¿por qué no intenta por un momento honrar su juramento a la Constitución de los Estados Unidos”.

El argumento del 'fraude', brigadas de 'defensa del voto' y el amago de no reconocer resultados en caso de perder, vienen aparejados con las malas noticias que las encuestas traen a Donald Trump: no levanta.

Peor aún, en estados republicanos, en los que barrió hace cuatro años, como Iowa, donde venció a Hillary por nueve puntos, ahora está debajo de Biden por cuatro puntos, de acuerdo con la reciente encuesta del New York Times (levantada entre el 16 y 22 de septiembre).

También encuestó Georgia, un estado que era de Trump y ahora está empatado. El tercero que encuestó fue el históricamente republicano estado de Texas, donde el actual presidente arrasó a Hillary por nueve puntos porcentuales, esta vez sólo tiene tres puntos de ventaja (46-43).

La puntilla a las aspiraciones de Trump se encuentra en Pensilvania, el estado que desde 1952 había votado por los candidatos presidenciales demócratas y hace cuatro años lo hizo por un republicano: Trump le ganó a Hillary Clinton por 0.7 por ciento y se llevó los 20 votos electorales del estado.

Ahora Pensilvania apunta su regreso al redil demócrata, pues el promedio de encuestas de RealClearPolitics da arriba a Biden por 4.6 puntos.

La más prestigiada casa que cruza encuestas, combinaciones de algoritmos y análisis, FiveThirtyEight, señala que Pensilvania es, “con mucho”, el estado con más posibilidades de definir la presidencia en el Colegio Electoral.

Si Trump gana Pensilvania tiene 84 por ciento de probabilidades de ganar la presidencia. Si triunfa Biden en ese estado, tiene 96 por ciento de posibilidades de convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos.

Hoy por hoy, señala el análisis de FiveThirtyEight (que debe ese nombre al número de votos electorales que eligen presidente: 538), Biden tiene 75 por ciento de posibilidades de ganar Pensilvania, las mismas probabilidades de ganar la presidencia.

Y su proyección es que Biden ganará Pensilvania por 4.6 puntos porcentuales.

Así es que las cartas de Trump para permanecer otros cuatro años son: arrasar a Biden en los tres debates que tienen pactados (el primero es mañana martes), lo cual es considerado muy posible, o declararse triunfador la noche del 3 de noviembre.

Esa noche estará arriba en los números, porque no se habrán contado los votos por correo, que es la vía por la cual sufragará más de 60 por ciento de los demócratas, y donde dice Trump que se cometerá el fraude.

Así enturbiaría la elección a fin de que llegue a la Corte, donde tiene mayoría, con una reacción imprevisible de los burlados.

Ya lo dijo, si no gana, será culpa de un fraude.

Ya prepara sus grupos de defensa del voto, que son brigadas para intimidar y alegar fraude en las casillas.

Así es que el país más poderoso de la tierra estará, en caso de que no gane Trump, sujeto al capricho egocéntrico de un populista.

Las sólidas instituciones de Estados Unidos serán puestas a prueba.

Una de las mayores en dos siglos, porque Donald Trump, en caso de perder, no soltará el poder. Tendrán que sacarlo, y no está solo.

Por eso escribió Frank Bruni el viernes, en el diario más influyente del mundo: “Este país está al borde de ser ingobernable”.

Bebieron la cicuta del populismo.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.