El presidente ya perdió el piso
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El presidente ya perdió el piso

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El presidente ya perdió el piso

03/09/2019
Actualización 03/09/2019 - 8:31

Presentarlo como el Tercer Informe confirma que una cosa es la que el Presidente ve o quiere, y otra es la realidad.

Las cifras ajenas a la verdad que dio a conocer en –decimos los mortales– su Primer Informe de Gobierno, y las estrategias para salir de las diferentes crisis en que se encuentra el país, nos dicen de una manera preocupante que a nueve meses de iniciado su mandato el presidente López Obrador ya perdió el piso.

A pesar de los serios problemas en que sus obsesiones y falta de conocimientos han metido al país, la mayoría de la sociedad lo respalda. Su aceptación es del 67 por ciento. Eso lo mareó. Lo pagaremos todos.

Preparémonos para la resaca.

Logró bajar el crecimiento económico de 2.5 anual a cero.

Dice una barbaridad monumental: no hay crecimiento, pero hay mejor distribución. Sin crear riqueza, ¿qué va a distribuir?

Muy sencillo, porque así lo hacen todos los populistas: quitar a unos para dar a otros.

No piensa en desarrollo, ni habla de reforma fiscal.

Dijo en su Informe, equivocadamente, que ha habido ahorros (subejercicios) por 145 millones de pesos. No es así, esos “ahorros” son de 198 mil millones de pesos.

Los ahorros se van a un fondo que el Ejecutivo reparte discrecionalmente, y son prácticamente inauditables por la ASF.

Lo dijo en su Informe: cinco de cada diez familias reciben apoyos del gobierno. Individualizado, personalizado.

Eso es formar clientelas que lo tienen en el 67 por ciento, aunque no haya crecimiento económico y la inseguridad se desboque.

La receta es esa: quitar a unos para dar a otros. No importa el desarrollo sino el respaldo electoral.

Quitan dinero a los enfermos de los hospitales públicos, despiden enfermeras y médicos, y el secretario de Salud dice que “los pacientes con cáncer pueden esperar, no hay ninguna prisa”.

El Presidente le trató de componer la plana a su secretario y dijo que si no hay medicamentos en los centros de salud, que los compren las enfermeras o los médicos.

Para afuera Prospera, Seguro Popular, las guarderías infantiles... Las lealtades se adquieren con dinero personalizado.

Y así en el resto del sector público: recortar, recortar, recortar. Para crear una de las más poderosas maquinarias de control político en el continente.

Sí es necesario que el gobierno apoye a los más débiles porque su situación es dramática, pero sacrifica el dinero para el desarrollo en granjearse el respaldo de cinco de cada diez familias.

En el área de seguridad (inseguridad) es donde más se muestra un Presidente ajeno a la realidad.

Es feroz contra sus críticos y quienes piensan diferente a él los declara “moralmente derrotados”, en lugar de hacerlos sus interlocutores como en cualquier democracia. Algo bueno le pueden aportar. Nadie es dueño de la verdad absoluta. Salvo AMLO, según él.

Contra la bandas criminales del narco, ninguna condena en su Informe.

Otra vez los rencores políticos por encima de la seguridad y de la economía.

En los primeros ocho meses de este gobierno van 19 mil 642 homicidios dolosos (la cifra más alta de la historia).

Dijo que es un reto. ¿Y? ¿Cómo lo va a resolver?

Según él, atendiendo las causas que la generan: la pobreza, la falta de empleo, etcétera, lo cual no está mal.

Pero la pobreza no va a bajar, va aumentar con el crecimiento cero.

La caída del empleo desde diciembre ha sido brutal, casi 70 por ciento menos que hace un año. El Presidente lo ve bien. Cuidado.

A los grupos armados, que son los que matan, secuestran y tirotean lugares donde hay gente indefensa, ninguna recriminación en su Informe. Reconoce que no hay avances, pero no cambia de estrategia.

Está desmembrando a las Fuerzas Armadas en una Guardia Nacional que no sirve, porque tienen orden de no actuar y cada uno de los cuerpos que la integran tiene diferente vocación y formación.

Los soldados no pueden tocar a los narcos y sus pandillas locales. Tienen que aguantar los golpes y la humillación porque el Presidente “no va reprimir”.

Y a los que agreden a las Fuerzas Armadas se les premia con recursos.

Prometió el Presidente indagar otra vez la matanza de los 43 normalistas. Bien. Que sigan, pero...

¿No van a investigar a los causantes de la muerte de 150 muertos quemados en Tlahuelilpan?

El gobierno fue responsable de esa tragedia, porque se enteró con horas de anticipación de la fuga, fueron, vieron, se regresaron a sus oficinas y no hicieron nada.

Esos muertos son del gobierno del presidente López Obrador.

Faltó a la verdad al decir que con el arreglo con las constructoras de gasodutos CFE “se ahorró cuatro mil 500 millones de dólares”.

El costo es el mismo y no cambiaron ninguna de las dos cláusulas que el gobierno impugnó.

Eso es engañar a le gente, y le creen.

Dice que el poder adquisitivo del salario subió. ¿Entonces cómo explica que el consumo haya caído?

También dijo que el huachicol cayó en 94 por ciento “y nos permite recuperar 50 mil millones de pesos”.

Entonces, por qué bajaron las ventas de gasolina legal.

Ya no hay huachicol y aumentó el poder adquisitivo del salario. ¿Qué pasó?

No dijo la verdad el Presidente al hablar de los “ahorros” en la cancelación del NAIM.

Falso que se hayan pagado todos los contratos y bonos.

Quedan cuatro mil doscientos millones de dólares por pagar a tenedores de bonos. Se recompraron mil 800 millones de dólares de un total de seis mil millones colocados.

Destruir el NAIM va a costar más caro que terminarlo.

Festejó el Presidente que los paisanos manden remesas “como nunca antes”.

En sus palabras, eso era una vergüenza nacional cuando gobernaban otros. ¿Ya lo vio? Récord. Y lo presume.

Con una economía estancada, caída en la creación de empleos, más van a emigrar a Estados Unidos para ser apaleados y perseguidos por Donald Trump.

Por último, se colgó las medallas de los atletas que no tuvieron respaldo de su gobierno, ni para uniformes.

Sí, el Presidente perdió el piso. Él tiene otra realidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.