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16/10/2019

Desde hace algunos días, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vive uno de sus procesos más relevantes pero, al mismo tiempo, uno de los más rutinarios. Me refiero a la designación de la persona que ocupará la rectoría de esa casa de estudios por los próximos cuatro años. La relevancia del momento es indiscutible porque la rectora o rector será la cara más visible de una institución centenaria que se debe a la sociedad y que, desde la ciencia, las humanidades y la cultura, debe aportar conocimiento y saber a una sociedad ávida de respuestas a los problemas que la asedian. La rutina, en este caso, no tiene tintes despectivos. Se trata de un nombramiento que sigue reglas, tiempos y dinámicas que las y los universitarios viven cada cuatro años desde hace décadas. Ni más ni menos.

Sin demérito de lo anterior hay que decir que la rectoría –aun siendo muy relevante– no es la instancia de gobierno más importante dentro de la Universidad. El Consejo Universitario, el Patronato Universitario y la Junta de Gobierno –que elegirá a la persona titular de la rectoría– son las autoridades principales. Ello refrenda la tesis de que la democracia universitaria es deliberativa y se despliega en los órganos colegiados que adoptan las decisiones colectivas –académicas y administrativas– que orientan su agenda sustantiva y de gestión.

Participo en este proceso como aspirante a rector con consciencia de lo anterior pero también con la convicción de que, desde la rectoría, pueden impulsarse iniciativas que potencien la capacidad de la UNAM para mejorar la vida de las personas. Destaco en este espacio tres de mis propuestas medulares.

1. Es un sentir compartido de la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México que la perspectiva de género es un imperativo para todos los ámbitos del quehacer institucional. Esta exigencia se impone a las autoridades –que, en honor de la verdad, han emprendido acciones para impulsarla en estos años–, al personal administrativo y académico pero, sobre todo, al estudiantado. Las y los estudiantes han desarrollado una sensibilidad y han proyectado reclamos en la materia que, al ser sintónicos con su tiempo histórico, exigen atención y acciones por parte de la institución. Por eso propongo crear una Secretaría Universitaria de Igualdad e Inclusión que promueva acciones para que la agenda de género y la incorporación y el reconocimiento a las diversidades sea transversal en la vida diaria de la UNAM.

2. Crear un Centro de Estudios Multidisciplinarios sobre Tecnología e Inteligencia Artificial. El propósito es coordinar los esfuerzos –que en muchos ámbitos ya realiza la Universidad Nacional– en investigación y aprovechamiento del conocimiento de frontera en este ámbito que ya es parte de nuestra vida cotidiana y que la impactará de manera determinante en los años venideros. Los expertos y expertas hablan de la transformación en el saber más relevante en la historia moderna. No parece una exageración: la generación, difusión y alcance del conocimiento está cambiando de manera inusitada y la UNAM tiene que ser un agente de activo de ese cambio. Ello debe hacerlo con responsabilidad y sentido social y, sobre todo, con una visión humanista, ética y laica.

3. Fomentar y liderar un Sistema Universitario Nacional que, a partir de alianzas universitarias que ya existen –como la ANUIES–, utilice con creatividad e innovación las tecnologías de la información y la comunicación para amplificar el alcance e impacto del conocimiento que genera la UNAM. Las modalidades y estrategias pueden ser muchas –algunas, de hecho, ya existen– pero el objetivo debe ser llevar los saberes científicos, técnicos, culturales y humanísticos allende las fronteras de nuestros campus. Esto requerirá inversiones, infraestructura y coordinación pero es perfectamente posible como lo ha señalado el Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior desde 1998. No podemos postergar las acciones tendientes para hacerlo posible. De ello depende la formación de una generación entera de mexicanas y mexicanos.

El Plan de Trabajo que he presentado a la Junta de Gobierno es considerablemente más amplio y robusto y aborda temas como la autonomía, la seguridad, la democracia, la recuperación de espacios públicos, la vinculación internacional y la gestión universitarias pero estos son tres botones de muestras de propuestas que requieren una implementación sin dilaciones.

Aspiro a ser rector de nuestra máxima casa de estudios desde este año porque estoy convencido de que el futuro –aunque parezca paradójico– es hoy. Y, como nos enseñó María Zambrano, conciencia histórica es responsabilidad histórica.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.