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Aferrarse

23/06/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

En tiempos de crisis el hombre se aferra en cuerpo y alma a sus creencias, convicciones y sueños. Llevamos más de 95 días, y por desgracia, si somos conscientes de la realidad, aún falta tiempo para volver a la normalidad, que no será hasta que no se encuentre y distribuya una vacuna o medicina que nos proteja del COVID-19, en la farmacia de la esquina. Todo lo demás es crear una realidad inexistente, lo que traerá consecuencias más complejas que los primeros 95 días.

Todos estamos sufriendo, el miedo y la angustia los expresamos de distintas maneras. La fortaleza mental que necesitaremos para soportar el futuro inmediato tendrá que ser mayor que al inicio. Valor del bueno, del que conoce las consecuencias de los actos —no el inconsciente e irresponsable que desafía al destino—, como en el toreo.

Esto pasará, en un futuro no lejano recordaremos el 2020 como un año complejo que nos habrá marcado de una u otra forma a cada uno de nosotros. En lo personal yo me aferro a mis valores, muchos de ellos adoptados del respeto, las jerarquías, y de la pasión por una afición, en mi caso: los toros.

Me aferro para volver a vivir la eternidad de la emoción provocada por una media verónica del “Payo”, la emoción en la rotundidad de la técnica y poderío de Joselito Adame; en el temple de Juan Pablo Sánchez; en la personalidad de Diego Silveti; en la alegría de ser torero, de Sergio Flores; en la clase de José Mauricio; en la solidez y determinación de Arturo Saldívar; en lo buen torero del “Calita”, el potencial de Luis David, la reciedumbre de Fermín Rivera, el aroma de Antonio Mendoza, la vocación de Arturo Macías, más la ilusión de una gran baraja de jóvenes de reciente alternativa y otros sin ella.

Notará usted que sólo menciono a diestros mexicanos; si bien creo que este arte no tiene nacionalidad, pienso que al salir de esta crisis debemos reestructurar el toreo mexicano, dignificarlo, valorarlo y exponenciarlo, para que alternando con las Figuras extranjeras, sea nuestra tauromaquia la que se fortalezca.

Me aferro al placer de ver un toro embestir por abajo con absoluta entrega, “de aquí hasta allá”; de disfrutar su arrogante presencia en el ruedo, dueño de sí y de su esencia, orgulloso de su bravura siempre dispuesta para el toreo; del valor del hombre determinado a abrazar la muerte para crear arte sutil con el poderío del toro.

El Payo, por Briones

Me aferro a saludar pronto de mano con firmeza a los amigos, con un abrazo, y decirles lo que he valorado su ausencia; a escuchar un paso doble, encendiendo un puro, con la ilusión de disfrutar una corrida de toros.

Me aferro a leer de nuevo los exquisitos párrafos de libros que albergan la sabiduría y honorabilidad del toreo.

Me aferro a disfrutar una vez más la deliciosa prosa de un genio de la escritura, templado y rotundo, suave y profundo, capaz de describir un beso o una caricia con la misma suavidad e intensidad que Morante mece su capote acariciando la embestida de un toro; me refiero a la obra del gran Carlos Ruiz Zafón, fallecido a los 53 años a consecuencia del cáncer, el pasado viernes 19. La sombra del viento, obra maestra en la que la tauromaquia encuentra matices vivos en citas y personajes como el extraordinario Fermín Romero de Torres, que bien pudo ser el taurino vivaz, leal y simpático que todos conocemos. Descanse en paz, maestro Ruiz Zafón, ha dejado usted huella en la arena del ruedo de las letras, con personalidad y arte, valor y capacidad.

Me aferro al flamenco, al llorar de una guitarra que cuenta el atardecer doloroso en el campo bravo. Me aferro a mi pasión.

Hago a un lado la incertidumbre del silencio. El sector taurino calla, se atrinchera y espera. Me aferro a la idea de que sabremos aprovechar esta crisis y de que no seremos la generación de taurinos que no supo aferrarse a la grandeza del toreo, para no sólo darle continuidad, sino para entregar nuestro trabajo y pasión a un fin más grande que la vanidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.